La resistencia a la baja de los precios en las góndolas continúa siendo uno de los principales focos de atención para el mercado. Según el último informe de avance de la consultora LCG, el rubro de alimentos y bebidas experimentó una suba del 0,5% durante la tercera semana de octubre.
Con este resultado, el sector anotó su séptima semana consecutiva de incrementos, aunque con un dato que trae cierto alivio: la inflación promedio mensual logró desacelerarse al 3,8% (+0,6 pp s/s).
Al desglosar la canasta analizada por la firma, se observa que la tracción de los precios estuvo fuertemente concentrada. Más de la mitad de la inflación semanal estuvo explicada por solo dos categorías: las carnes, que arrojaron un alza del 0,5%, y las bebidas, con un fuerte salto del 1,1% en los últimos siete días.
A contramano de estos rubros, los productos que ayudaron a contener el índice y mostraron un retroceso en sus valores fueron las verduras (-0,31%) y los artículos comprendidos en azúcar, miel, dulces y cacao, que anotaron una baja del 0,25%.
En el análisis ampliado de las últimas cuatro semanas, las carnes, los panificados y las verduras explican más del 50% de la suba promedio total.
La medición, realizada sobre un panel de 8.000 artículos en cinco cadenas de supermercados, expone la inercia que todavía afecta a los bienes esenciales. Esta dinámica, que se sostiene a pesar de la recesión y la estabilidad del dólar, alejó la meta oficial trazada meses atrás, cuando el Gobierno proyectaba que para esta altura del año la inflación comenzaría “con cero”.
Frente a este escenario, el propio presidente Javier Milei reconoció en las últimas horas que el proceso de estabilización enfrenta escollos imprevistos. “Los indicadores de Argentina no estarían evolucionando tan positivamente como esperábamos desde un primer momento”, admitió el mandatario, ajustando el tono de su discurso económico ante la realidad de los números.
Para justificar este freno en la recuperación, el jefe de Estado apuntó directamente al contexto global. Sintetizó que “hoy el mundo se caracteriza por una situación donde hay más inflación, más tasa de interés y menor actividad económica”, y remató asegurando que el país “no resulta ajeno a eso y está sufriendo las consecuencias”.
El impacto de los shocks externos al que aludió el Presidente ya comenzó a reflejarse en los reportes estadísticos oficiales. Esta misma semana, el INDEC confirmó que la inflación mayorista pegó un salto y se aceleró al 3,2% en septiembre, traccionada fundamentalmente por los fuertes aumentos en el crudo y el gas.
Este componente energético a la salida de las fábricas revela los reacomodamientos que la economía aún debe digerir en el plano interno. La combinación de una inflación mayorista al alza por factores globales y un costo de los alimentos que no cede al ritmo esperado configura el principal desafío estructural para el equipo económico en el cierre del año.