En los últimos años, las nuevas tecnologías han incrementado la velocidad con la que se generan e intercambian datos y nos desafían para dar respuestas a nuestros interrogantes en tiempo real. La demanda creciente de información valiosa para tomar decisiones necesita contar con sistemas dinámicos capaces de procesar de manera continua los fenómenos que impactan en nuestra vida cotidiana.

La aparición inesperada de la pandemia del coronavirus intensificó esta demanda y visibilizó la importancia de que los actores sociales -en especial los decisores- reciban información actualizada a toda hora. Esta es una de las razones por las cuales muchas veces me preguntan si las estadísticas que elabora el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), y se difunden dos o tres meses después de ocurridos los hechos, no llegan demasiado tarde.

Mi respuesta es también una advertencia: la información que podemos encontrar en internet, no por inmediata y accesible siempre es robusta, lo cual podría llevar a errores en las conclusiones y decisiones que de ella se desprendan.

Uno de los desafíos de las oficinas nacionales de estadística es la búsqueda continua del equilibrio entre la inmediatez y la robustez de los resultados que se presentan públicamente. La robustez y la precisión son la base de la confianza que se necesita para el posterior uso de esa información basada en evidencia.

La misión vertebral del Indec y su servicio oficial de estadísticas es producir la infraestructura del Sistema Estadístico Nacional, garantizando su rigurosidad técnica y la pertinencia de la información. Este rol se expone claramente en operaciones estructurales tales como los censos y las encuestas de gran envergadura, como la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares. No presentan resultados de coyuntura, sino que exhiben los patrones básicos de nuestra sociedad en un determinado período: cuántos somos, dónde vivimos, en qué trabajamos, cuál es nuestra estructura de ingresos y cómo gastamos el dinero.

Pero la infraestructura estadística también implica brindar información con un grado de profundidad y desagregación que permita dar respuesta a las múltiples demandas de la agenda pública. El nivel de detalle de los indicadores que publica periódicamente el Indec deja en claro la importancia de contar con datos que reflejen con la máxima profundidad posible la diversidad sectorial y la enorme extensión de nuestro territorio, especialmente en el contexto actual.

Ejemplos de ello se observan en el estimador mensual de actividad económica y el índice de producción industrial: no solo exhiben la evolución de la producción total e industrial de la Argentina, sino que su presentación en quince sectores económicos y dieciséis divisiones industriales permiten, además, analizar dinámicas diferenciadas -si la economía funciona a distintas velocidades- o las incidencias sectoriales.

Lo mismo ocurre con los datos sobre el mercado de trabajo: podemos desagregar la tasa de desocupación para cada aglomerado urbano relevado, por género, calificación, nivel educativo o edad, mientras que en la composición de la tasa de empleo podemos observar la evolución del trabajo asalariado en relación al cuentapropismo.

Asimismo, los relevamientos de supermercados dan información respecto de la facturación total de ese canal, pero también cómo evoluciona en las diferentes jurisdicciones, los canales de venta de mayor uso, o los diferentes medios de pago.

En esta capacidad de brindar un amplio cúmulo de información demográfica, económica y social, estructural y periódica, que permita desgranar con robustez y especificidad los fenómenos para entender sus causas, está la esencia del rol del Indec, y también lo que le permite a otros actores hacer proyecciones o estimaciones sobre una base confiable.

Lógicamente, estas características de la producción estadística exigen un tiempo para relevar, procesar y presentar los resultados que conspira contra la velocidad de la demanda. Pero en la administración de este conflicto -que tienen por igual todos los institutos de estadística del mundo- no debemos olvidar la misión y las funciones esenciales que debe prestar un servicio estadístico de calidad.

Eso no quiere decir que, aunque la robustez de la información sea el pilar, desde el Indec no estemos en la búsqueda permanente de optimizar el principio de oportunidad de las estadísticas. De hecho, hoy existen recursos que permiten ampliar la producción, abarcar nuevas dimensiones y presentarlas más rápidamente: la digitalización de encuestas y la explotación estadística de registros administrativos abonan esta premisa.

Por un lado, la digitalización de encuestas y la homogeneización de procedimientos permiten reducir notoriamente los tiempos de tabulación, agrupamiento y procesamiento de la información.

Por el otro, los registros administrativos -que surgen de los trámites que realizamos en nuestra vida diaria-, tienen el potencial de brindar información inmediata sobre temáticas diversas. Su explotación estadística permite reducir los tiempos operativos y los costos económicos. Su uso está cada vez más extendido en el mundo y, si bien requiere consensuar metodologías, calidad, legislación, privacidad y gobernanza, claramente será uno de los puentes que una los principios de robustez y de inmediatez en materia estadística.

Parte del salto de calidad que estamos dando en el Indec es el trabajo de actualización de nuestro mapa estadístico, su fortalecimiento y ampliación de dimensiones para capturar cabalmente los fenómenos que impactan en nuestras vidas. La oportunidad que nos presentan estos nuevos recursos para el procesamiento estadístico forma parte de un natural salto evolutivo y nos permitirá reducir progresivamente la brecha entre la robustez, calidad y oportunidad del dato y la inmediatez que nos demandan los argentinos.