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Detrás de todo el episodio del avión retenido en Ezeiza, hay otra pregunta al margen de los posibles cuestionamientos en materia de seguridad: ¿por qué pueden llegar al país autopartes en una aeronave de una compañía que supo ser iraní y ahora es venezolana?

Entre las múltiples razones que se puedan esbozar, hay una indesmentible: el comercio internacional se volvió loco.

Desde la salida de la pandemia, faltan barcos para mover mercadería, se disparó el costo del flete y la imposibilidad de contar con algunos insumos clave puede poner en jaque líneas de producción completas, en un desafío que bien vale el esfuerzo muchas veces de pagar el traslado aéreo de mercaderías que de otra forma llegarían por la vía marítima, más económica.

Así es que una agencia de cargas internacionales como Fracht, contratada por la autopartista SAS del grupo Fauresia, habrá buscado capacidad de bodega en un aeropuerto de Mexico y terminó contratando a la firma Conviasa, la ex Mahan Air, que partió de manera oficial con la tripulación que hoy descansa en Canning. El objetivo: cumplir con la entrega justo a tiempo para que se siga produciendo el Taos de Volkswagen en Pacheco, provincia de Buenos Aires.

Las complicaciones en el tráfico por mar, de hecho, han cambiado el negocio en el aeropuerto de Ezeiza, donde hoy la mitad de los movimientos tiene que ver con cargas cuando históricamente no pasaba del 30%. La movilidad de mercaderías por avión siempre estuvo ligada a productos cuyo valor justificaba lo que sale el ticket, desde electrónica hasta insumos médicos, con un pico de pedidos ligado a las ventas de vacunas, por ejemplo. Pero el fin de la pandemia, con cierres puntuales de puertos por rebrotes más el impacto de la guerra en el este de Europa, expandió el horizonte del negocio.

A los lugares que se ocupaban en las bodegas de los aviones de pasajeros se le han agregado más servicios de cargas programados que están ofreciendo las aerolíneas que se adaptan frente a una menor circulación de personas por efecto del Covid.

Y claro, también hay más posibilidades de contratar charters, tanto de grandes operadores logísticos como de algún paracaidista sorpresa que si tiene autorización para volar aprovecha la mayor demanda va y viene sin problemas, salvo que un bloqueo impida que le carguen combustible para seguir y quede varado y encima bajo investigación judicial.

banqueros vs Guzmán

Es loco, porque el Rappi aéreo de autopartes expuso la locura de la logística global es otro reflejo del momento límite del "festival de importaciones" que denunció la vicepresidenta Cristina Kirchner y que es parte del berenjenal de falta de reservas y abundancia de pesos genera-escalofríos con la inflación en modo 1991.

¿Qué va a pasar con la flamante gestión de Daniel Scioli en el Ministerio de Desarrollo Productivo? En la secretaría de Industria, Ariel Schale dice que hay que sostener u$s 6 mil palos de importaciones por mes para crecer bien. En el Banco Central, Miguel Pesce es de la idea de no ir mucho más allá de u$s 4.500 millones. Marzo, abril y mayo estuvimos arriba de 7 mil millones en promedio. ¿Que hará el "Pichichi" que todo lo adormece con su retórica sin destino?

El tema es que la brecha entre el dólar oficial y las cotizaciones paralelas volvió a ensancharse esta semana por la corrida que inició el propio Estado con una venta de bonos para hacerse de pesos para pagar importaciones energéticas. Más triste que domingo a la tarde. Así, no hay optimismo ni esperanza que valga para ayudar a la autoridad monetaria a juntar reservas. Encima, en la calle Reconquista están más alertas que en el Donbass. Sienten que vienen por ellos. Publican informes para defenderse, más que nada de los propios.

Este martes el Ministerio de Economía zafó con la primera refinanciación de deuda atada a la inflación. Pagó algo más de tasa en un plazo más corto. Es el arranque de un calendario que tiene el 29 de junio clavado en el corcho de las urgencias. Ese día vencen títulos por $ 500 mil millones. Si no hay renovación, más presión en un dólar contado con liquidación que orilla los $ 240.

Fuentes del sector bancario decían ayer brindando con periodistas que Martín Guzmán tendría que aumentar hasta ocho puntos la tasa de interés para conseguir que los bancos pasen a prestarle al Tesoro. Pero no tienen claro que lo vaya a hacer. Es demasiado académico y no entiende al mercado, piensan en su fuero íntimo los banqueros que que miran el país desde un piso 28 en la zona de Catalinas.

A la pasada, además, recuerdan que este furor por los plazos fijos UVA, que cubren la inflación, no puede durar mucho más. No es normal que alguien coloque su plata así nomás desde una app mientras viaja en el bondi. Si el gobierno no lo limita, tal vez empiecen a aparecer algunas fallas técnicas.

Es un momento de cosquillas sostenidas hasta en las convicciones de los más tranquilos. Por más vasollenismo que haya por una desaceleración de la inflación del 6,7% en marzo al 5,1% en mayo, la idea de un nuevo piso del 5% mensual que muestran las mediciones preliminares de junio abre interrogantes. ¿Tiene un gobierno rengo como el de Alberto Fernández la espalda para contener una dinámica así? Y si asumen en 2023 los que se fueron en 2019, ¿podrán esquivar el canchereo que dominó aquella experiencia?

Mientras tanto, vuelan las reservas hoteleras para este fin de semana XXL y se venden entradas hasta para un show de Jairo en el que cante yo y no Mario González, el posta. ¿Puede ser sostenible?

La actividad económica dependerá del poder adquisitivo de los sueldos, claramente, pero también de que haya importaciones, en un mundo que vive la anatomía de un faltante. En Estados Unidos la palabra de moda es "shortage", escasez. Faltan chips. Hace poco no se consiguía leche para bebés. Ahora tampoco hay hay tampones.

Acá, en tanto, un paro de empleados del neumático en reclamo de subas de salarios le agrega los efectos de la puja distributiva a los quiebres en la cadena de producción, que frenaron un día una planta de pick-ups. Si no fuera porque las gomas suman mucho volumen, marchaba otro charter venezolano-iraní a Ezeiza.