La pregunta del millón, o de los miles de millones en este caso, es ¿por qué compra dólares la gente? La respuesta es más sencilla de lo que se cree. Tan obvia que hasta podría desilusionar a más de un lector. Pero asumiendo el riesgo, aquí va la respuesta: porque está barato. Lo cual lleva a la conclusión de que la conducta de la población pese a las declaraciones públicas de algún funcionario no tiene ningún atisbo de irracional ni ilógica, sino todo lo contrario.
El dólar, como cualquier otro bien en la economía, se rige por la ley de oferta y demanda. Pero el Gobierno ha decidido que el valor de la moneda estadounidense debe ser el más sujeto a los controles de precios al estilo de Guillermo Moreno. Ergo, si un bien está barato y no refleja su verdadero precio, la demanda supera a la oferta. Y es lo que hoy se refleja en la city porteña.
Por tomar un ejemplo, entre octubre de 2005 y este octubre que termina (es decir, en los últimos seis años), el dólar aumentó casi 44% (43,9%, pasó de $ 2,96 a $ 4,26). Mientras si se toma una canasta de alimentos básicos (pan, harina, asado, pollo, huevos y papa) se verá que los aumentos fueron de entre 290% y 400% en seis años. Una diferencia significativa, que no hace más que reflejar el atraso del tipo de cambio en relación al resto de los bienes de la economía.
Para explicarlo de otro modo: en octubre de 2005 con un dólar se compraba 1,2 kilos de pan. Hoy con un dólar no es posible adquirir ni medio kilo (0,4 kilos, más precisamente). Asimismo, mientras hace seis años un billete estadounidense permitía comprar casi medio kilo de asado (0,4 kg) y más de una docena de huevos (1,2 docena), actualmente no es posible adquirir más de 100 gramos de asado y menos de media docena de huevos. Aclaración: excepto que usted esté dispuesto a ir al Mercado Central cada vez que le faltan huevos.
El concepto de barato o caro refiere a una relación con respecto a algún otro bien o valor en el tiempo. Por eso, no debería extrañar que hoy la gente considere que el dólar es una buena opción para atesorar sus ahorros. Ya sea porque observa que está barato en relación a otros bienes o porque creen que está barato en relación al valor que debería tener realmente. O ambos.
Subestimar la capacidad de entendimiento del inversor minorista o del ahorrista no sofisticado puede servir para sortear el corto plazo, pero es una estrategia de largo plazo no recomendable ¿Cuál es el problema al que se enfrenta el Gobierno? Que el dólar barato de hoy es sinónimo de tipo de cambio apreciado en términos reales, es decir, por efecto de la inflación. Inflación que el Gobierno no reconoce, pero cuyas consecuencias están a la vista. Ojalá algún día se decida a atacar la causa y no la consecuencia.