Como ningún otro presidente desde el regreso de la democracia, Javier Milei basa su liderazgo, sobre todo, en el respaldo de la opinión pública. El libertario no proviene de la política tradicional, descree del toma y daca propio de la democracia liberal y se rige más por los tiempos de las redes sociales que por los de las instituciones de gobierno. Por esta razón, seguir el vínculo de Milei con la sociedad es mucho más que un indicador del humor social: nos brinda información sobre el principal activo de gobierno de La Libertad Avanza.

El estudio de Opina Argentina de mayo deja una pregunta abierta que probablemente ordene la discusión política de las próximas semanas: ¿el Gobierno logró detener el deterioro o apenas consiguió una tregua momentánea?

Después de cuatro meses consecutivos de caída en los indicadores de opinión pública, el oficialismo encuentra en mayo finalmente un pequeño alivio. La imagen positiva de Javier Milei sube cuatro puntos y alcanza el 39%, mientras que mejoran, aunque levemente, las percepciones sobre el presente y el futuro del país. En política, a veces los cambios de tendencia son más importantes que los números absolutos. Desde esta óptica, frenar la sangría ante la ciudadanía constituye para el Gobierno una victoria táctica significativa.

Sin embargo, el dato exige prudencia. El Presidente todavía se encuentra lejos del pico de optimismo posterior a las legislativas de octubre de 2025, cuando su imagen positiva había llegado al 48%. La estabilización actual no alcanza todavía para hablar de recuperación. Es, apenas, un freno a la preocupante tendencia observada en el primer cuatrimestre de este año.

El Presidente todavía se encuentra lejos del pico de optimismo posterior a las legislativas de octubre de 2025.Reuters

La economía sigue siendo el principal driver a partir del cual la sociedad evalúa a sus gobernantes. Durante el primer bienio de gobierno, Milei conservó apoyo social gracias a una expectativa: la idea de que el sacrificio presente conduciría a una mejora futura. Cuando esa expectativa empezó a erosionarse a principios de este año, también se debilitó la legitimidad política del oficialismo. Ese deterioro coincidió con el rebrote inflacionario. Ahora que el impacto de la guerra sobre los precios internacionales parece haberse disipado, y, por ende, es probable esperar que la inflación retome su sendero bajista, el dato relevante de mayo es que las expectativas sociales vuelven a mostrar signos de reactivación. Hoy, el 35% cree que Argentina estará mejor dentro de un año, mientras que el 55% piensa que estará peor. No es un escenario favorable, pero sí menos crítico que el de los meses previos.

Mientras el gobierno está a la defensiva y busca retomar la iniciativa política, ¿qué viene pasando en la oposición? Axel Kicillof aparece como el dirigente con mejor valoración positiva, empatado con Myriam Bregman en 43%, pero el peronismo como espacio sigue sin despegar de manera decisiva. La principal novedad del estudio es que el Frente de Izquierda comienza a capturar una porción marginal, aunque significativa, de votantes desencantados del peronismo. El 13% de quienes votaron a Sergio Massa en 2023 hoy se inclina por la izquierda.

Ese movimiento es pequeño, pero políticamente interesante. Sugiere que parte del electorado opositor no percibe todavía al peronismo tradicional como vehículo eficaz para expresar el malestar con Milei. Y mientras el PJ continúa atrapado entre la moderación y la radicalización, Bregman logra ocupar un espacio simbólico más nítido: el de una oposición ideológicamente consistente y emocionalmente intensa.

Es importante subrayar que imagen no es sinónimo de intención de voto. La ciudadanía puede valorar a ciertos dirigentes, pero eso no implica que después los vaya a elegir en el cuarto oscuro. De hecho, los políticos con mayor aprobación en los ciclos electorales recientes terminaron teniendo desempeños decepcionantes. Roberto Lavagna era el político más popular en 2019; Horacio Rodríguez Larreta tenía la mayor imagen positiva en 2023: ninguno de los dos terminó traduciendo ese capital en votos. Hecha esta prevención, que el ranking de dirigentes mejor evaluados esté encabezado por opositores no dice mucho sobre la intención electoral, pero sí ofrece indicios sobre la fragilidad del humor social.

En términos estrictamente electorales, el escenario continúa extremadamente equilibrado. Si las elecciones fueran mañana, La Libertad Avanza obtendría 35% y el peronismo 34%. Es decir: aun con sus problemas internos, el oficialismo y el peronismo conservan capacidad de pelea y de instalación electoral. Pasan los años pero la dinámica polarizadora se resiste a evaporarse. Todavía falta más de un año para la contienda presidencial, pero el gran peligro es que ingresen al ballotage dos espacios que cosechan más rechazos que adhesiones.

Volviendo a las expectativas de la sociedad, si hay un tema que le preocupa a la ciudadanía fuera de la marcha de la economía es la cuestión de la corrupción. En el informe de Opina emerge otro dato central: el caso Adorni está dañando la reputación del oficialismo. A raíz de la polémica por los viajes y el patrimonio del jefe de Gabinete, una abrumadora mayoría de los encuestados -el 71%- considera que debería renunciar. Lo más delicado para el Gobierno no es solo la magnitud del rechazo social, sino su transversalidad: incluso el 42% de los votantes de Milei en 2023 cree que Adorni debería dejar el cargo. Es decir, el malestar en torno a este tema trasciende a los votantes opositores e impacta de lleno en la base de votantes libertarios.

Más allá de este tema, la pregunta de fondo es si mayo marca el inicio de una recuperación o apenas una pausa dentro de un ciclo descendente más largo. La respuesta probablemente dependa menos de la política que de la economía. Si la inflación retoma la tendencia a la baja, vuelve el crédito a tasas bajas para apuntalar la actividad y los salarios recuperan terreno frente a los precios, el Gobierno puede esperar mejoras en el clima de opinión. Si la inflación continúa arriba del 3%, el consumo no levanta y sigue la destrucción de puestos de trabajo, entonces el oficialismo seguirá debilitándose ante la opinión pública.

Milei todavía conserva algo fundamental: una parte importante de la sociedad sigue queriendo creer que el ajuste puede terminar funcionando. Mientras esa esperanza exista, incluso atenuada, el Gobierno seguirá siendo competitivo. Pero como en el fútbol, en la política a la esperanza hay que acompañarla con resultados. Sin resultados, esa expectativa se traducirá más temprano que tarde en desencanto.