En un contexto donde la inteligencia artificial avanza a una velocidad inédita, una pregunta se instaló en miles de conversaciones laborales: qué va a pasar con nosotros. Y, para quienes ya pasaron los 50, esa inquietud suele venir con otra capa: ¿estoy demasiado grande para esta nueva etapa?
La respuesta es no. No solo porque la idea de “viejo” ya quedó vieja, como suele decir Miriam de Paoli, sino porque los datos muestran otra realidad: el mundo envejece, vive más años y seguirá trabajando más tiempo. La OMS proyecta que para 2030 una de cada seis personas tendrá 60 años o más, y que en 2050 esa población llegará a 2.100 millones. En América Latina y el Caribe el proceso es más acelerado: la CEPAL estima que la población de 60 años o más pasará de 88,6 millones en 2022 a 114,9 millones en 2030 y a 220 millones en 2060, casi el 30% del total regional.
Ese cambio demográfico ya impacta en el empleo. La CEPAL advierte que en 2024 había alrededor de 65 millones de personas de 65 años y más en la región, equivalentes al 9,9% de la población. Y agrega dos datos que deberían incomodar a cualquier área de Recursos Humanos: 43% de las personas mayores recibe pensiones insuficientes y una de cada cuatro ya forma parte de la fuerza de trabajo. No estamos ante una minoría periférica, sino ante una porción creciente del talento disponible.
Ahora bien, el vértigo tecnológico existe. Según el Work Trend Index 2024 de Microsoft y LinkedIn, el 75% de los trabajadores del conocimiento ya usa IA en su trabajo; 46% empezó a hacerlo hace menos de seis meses, 68% dice que no logra seguir el ritmo y volumen de trabajo y 46% se siente burnout. Incluso entre boomers y mayores, 73% de quienes usan IA lleva sus propias herramientas al trabajo. El problema, entonces, no es solo técnico: también es emocional.
La tensión se vuelve más evidente cuando la empleabilidad empieza a medirse con nuevas reglas. El mismo estudio muestra que 76% de los profesionales cree que necesita habilidades de IA para seguir siendo competitivo, mientras que 71% de los líderes preferiría contratar a un candidato menos experimentado con skills de IA antes que a uno más experimentado sin ellas. Y, sin embargo, apenas 39% de quienes usan IA recibió capacitación de su empresa.
Pero sería un error reducir esta discusión a una carrera técnica contra los más jóvenes. El Future of Jobs Report 2025 del World Economic Forum, elaborado con más de 1.000 empleadores que representan a más de 14 millones de trabajadores en 55 economías, ubica al pensamiento analítico como la habilidad más valorada, seguida por la resiliencia, la flexibilidad y el liderazgo e influencia social. Entre las competencias que completan el top aparecen la empatía, la escucha activa y el aprendizaje permanente. La conclusión es clara: la IA empuja la transformación, pero las organizaciones siguen buscando capacidades profundamente humanas.
Ahí aparece una ventaja competitiva de la generación +50 que muchas compañías todavía subestiman: experiencia, criterio, lectura de contexto, capacidad de gestionar vínculos y liderazgo. No son atributos “blandos”; son capacidades de negocio. PwC, en su Global AI Jobs Barometer 2025, detectó que las habilidades requeridas en los empleos más expuestos a IA cambian 66% más rápido que en el resto y que quienes acreditan skills de IA capturan una prima salarial promedio del 56%.
Por eso, para los profesionales mayores de 50, el desafío no es competir con las nuevas generaciones en terreno ajeno, sino rediseñar la propia propuesta de valor. Aprender a usar IA, sí. Pero también poner en primer plano aquello que ninguna herramienta automatiza del todo: criterio para decidir, sensibilidad para liderar, escucha para acompañar, templanza para atravesar el cambio y experiencia para conectar puntos que otros todavía no ven.
En esta etapa, el coaching de carrera, la recapacitación y el rediseño profesional dejan de ser un lujo y se vuelven estrategia. Porque en el nuevo mundo del trabajo no gana quien parece más joven, sino quien logra seguir siendo relevante. Y para la generación silver, esa relevancia no se construye negando la edad, sino resignificando todo el valor acumulado.