

En la mayoría de hogares colombianos, la esponja de cocina se usa para todo: platos, ollas, mesones y hasta la estufa. Sin embargo, expertos en higiene doméstica coinciden en una regla que casi nadie cumple y que puede marcar una diferencia enorme en la limpieza del hogar: la esponja debe cambiarse cada 7 a 10 días, incluso si “se ve limpia”.
El incumplimiento de esta práctica no solo reduce la eficacia del lavado, sino que también convierte este utensilio en un foco de bacterias y malos olores dentro de la cocina.
Lejos de ser un simple detalle, esta recomendación se ha convertido en una de las claves para mantener espacios más seguros, especialmente en viviendas donde se preparan alimentos a diario y donde la esponja entra en contacto directo con residuos orgánicos.
¿Cuánto tiempo se debe usar una esponja de cocina?
La respuesta corta es clara: entre siete y diez días. Después de ese tiempo, una esponja ya ha acumulado suficientes restos de comida, humedad y grasa como para convertirse en un ambiente perfecto para la proliferación de microorganismos. Aunque visualmente pueda verse “bien”, por dentro suele estar saturada de suciedad microscópica que no desaparece solo con enjuagarla.
En Colombia, donde muchas familias cocinan varias veces al día y lavan grandes cantidades de utensilios, este desgaste ocurre incluso más rápido. Por eso, mantener la esponja por semanas —o meses— es una de las prácticas más comunes y también una de las más perjudiciales para la higiene del hogar.

¿Por qué una esponja aparentemente limpia puede ser un riesgo en la cocina?
El principal problema es la humedad constante. Cada vez que se lava un plato o una olla, la esponja absorbe agua y restos de comida que quedan atrapados en su estructura porosa. Ese ambiente húmedo y tibio es ideal para que se multipliquen bacterias y hongos, aunque no sean visibles a simple vista.
Además, cuando se usa una esponja vieja para limpiar, en lugar de eliminar la suciedad se termina redistribuyendo por toda la superficie. Esto puede afectar desde los cubiertos hasta los mesones donde se preparan los alimentos, algo especialmente delicado en hogares con niños, adultos mayores o personas con defensas bajas.
¿Cómo saber cuándo una esponja ya no sirve aunque no huela mal?
No todo se trata del olor. Una esponja puede parecer normal y aun así estar completamente desgastada por dentro. Algunas señales de alerta son la pérdida de firmeza, la presencia de pequeñas partículas incrustadas o el cambio en su textura.
Sin embargo, incluso si no presenta ninguno de estos síntomas, el simple paso del tiempo ya es motivo suficiente para cambiarla. La regla de los 7 a 10 días se basa en el uso cotidiano y no en la apariencia. En otras palabras, confiar solo en lo que se ve es uno de los errores más frecuentes en la limpieza del hogar.
¿Qué pasa si se usa la misma esponja por varias semanas?
Cuando una esponja se usa por demasiado tiempo, deja de cumplir su función principal: limpiar. En lugar de remover grasa y residuos, termina siendo una fuente de contaminación cruzada, llevando bacterias de un plato a otro o de una superficie a otra.
Además, con el paso de los días se vuelve menos efectiva para retirar la suciedad, lo que obliga a usar más detergente y más agua, afectando también el bolsillo y el consumo en el hogar. Es decir, no cambiarla a tiempo no solo es un problema de higiene, sino también de eficiencia.











