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En un movimiento que está sacudiendo al mundo de la infraestructura, una potencia asiática acaba de darle luz verde al túnel urbano más ambicioso de su historia, una vía subterránea de casi 17 kilómetros que busca romper de una vez por todas el caos vial y conectar más rápido la ciudad tecnológica de Bengaluru con los grandes corredores que llevan a su nuevo aeropuerto internacional.

El proyecto, valorado en más de 2.000 millones de euros, fue aprobado por el gobierno regional y ya es visto como uno de los desarrollos urbanos más grandes de Asia.

Aunque ocurre en India, la magnitud de la obra y su impacto en movilidad, logística y competitividad urbana ya genera interés en países como Colombia, donde las grandes capitales también luchan contra trancones interminables y accesos colapsados a aeropuertos como El Dorado o José María Córdova.

¿Qué es el megatúnel que una potencia asiática construirá para llegar más rápido al aeropuerto?

Se trata de un corredor subterráneo de 16,75 kilómetros que atravesará de norte a sur a Bengaluru, la capital tecnológica de la India, enlazando zonas empresariales, distritos residenciales y las autopistas que conducen al aeropuerto internacional Kempegowda, uno de los que más crece en Asia.

La vía irá desde Silk Board Junction hasta Hebbal, dos de los puntos más colapsados de la ciudad, y funcionará como una autopista sin semáforos, sin cruces y sin tráfico superficial, diseñada exclusivamente para flujos rápidos de vehículos.

En términos de escala, la excavación equivale a más de 150 canchas de fútbol bajo tierra, con tramos que bajarán hasta 36 metros de profundidad.

Una potencia asiática avanza con el túnel urbano más ambicioso del país para llegar más rápido a su nuevo aeropuerto.

¿Cuánto dinero cuesta el túnel subterráneo y quién lo financia?

El presupuesto aprobado supera los 17.600 crore de rupias, lo que al cambio internacional ronda los 2.000 millones de euros. Es, por lejos, el proyecto vial urbano más costoso que haya lanzado la India.

El plan contempla un modelo de asociación público-privada, donde el Estado pone el suelo, las autorizaciones y parte de la inversión, y consorcios privados se encargan de la construcción y operación a largo plazo.

El objetivo es que la infraestructura se pague con el uso, peajes electrónicos y concesiones, evitando que todo el peso recaiga sobre el presupuesto público.

¿Cuánto se reducirá el tiempo de viaje con el nuevo túnel urbano?

Hoy, cruzar Bengaluru en hora pico puede tomar entre 60 y 90 minutos para trayectos que no superan los 15 kilómetros. Con el túnel, las autoridades calculan que ese mismo recorrido se hará en 20 a 25 minutos.

Eso implica un ahorro de hasta 45 minutos por trayecto, algo clave para ejecutivos, trabajadores tecnológicos y viajeros que necesitan llegar rápido al aeropuerto.

Además, el corredor eliminará al menos 25 puntos críticos de congestión que hoy paralizan la ciudad durante buena parte del día.

¿Cómo será la tecnología del túnel más moderno de la India?

La obra se construirá con máquinas tuneladoras de última generación, similares a las que se usan en metros subterráneos de Europa y China. No será un túnel oscuro ni básico: tendrá estándares internacionales de seguridad y operación.

Entre sus sistemas se incluyen:

  • Ventilación automática de alta capacidad
  • Salidas de emergencia cada 500 metros
  • Cámaras con monitoreo en tiempo real
  • Sistemas antiincendios y control de humo
  • Centros de control inteligentes

La idea es que funcione como una autopista inteligente bajo tierra, operativa las 24 horas y con mínima posibilidad de accidentes o cierres.

¿Por qué el proyecto genera polémica ambiental y urbana?

Aunque el gobierno lo vende como una solución histórica, no todos están convencidos. Urbanistas y expertos en movilidad advierten que hacer más vías para carros suele atraer más carros, lo que a mediano plazo podría devolver el problema del tráfico.

También hubo alarma por el posible impacto sobre el Jardín Botánico de Lalbagh, uno de los pulmones verdes de Bengaluru. Las autoridades prometieron que no se talará ni un solo árbol y que cualquier intervención será temporal y restaurada al final de la obra.

Aun así, sectores políticos de oposición califican el túnel como un “sueño subterráneo costoso” que podría generar riesgos financieros si el tráfico real no cubre la inversión.