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La elección del color de pelo suele estar marcada por las tendencias, los gustos personales o la necesidad de cubrir las canas. Sin embargo, los especialistas advierten que también es importante considerar el tono de piel y las facciones del rostro.

Esta recomendación cobra especial relevancia después de los 40 años. En esta etapa, los colores demasiado oscuros y uniformes pueden generar un contraste intenso con la piel, remarcar algunas líneas de expresión y producir un efecto visual menos favorecedor.

Esto no significa que haya que renunciar al pelo negro o castaño. La clave, según los peluqueros, es evitar los tonos excesivamente planos y encontrar una coloración que aporte profundidad, movimiento y luminosidad alrededor de la cara.

El estilista español Óscar Javier Garrido Adeva explicó que, si bien le gustan los colores intensos, el pelo oscuro puede endurecer los rasgos. Por ese motivo, sostuvo que la elección debe adaptarse a las características de cada persona.

Por qué el pelo muy oscuro puede sumar años

El efecto aparece principalmente con tonos como el negro azabache o el castaño muy oscuro, especialmente cuando se aplican de manera uniforme desde la raíz hasta las puntas.

Estos colores crean una separación muy marcada entre el pelo y la piel. Como consecuencia, pueden dirigir la atención hacia las líneas del rostro, las ojeras, las manchas o las zonas que presentan menos luminosidad.

La intensidad del contraste también puede hacer que los rasgos se perciban más duros. El resultado dependerá del color de piel, la forma de la cara, las facciones y el estilo buscado, por lo que no existe una regla idéntica para todos.

L’Oréal Paris también señala que el cabello muy oscuro puede endurecer las facciones. Este efecto, sin embargo, podría resultar conveniente para quienes tienen rasgos suaves y buscan resaltarlos o conseguir una imagen más definida.

La recomendación, entonces, no consiste en abandonar automáticamente los tonos oscuros al cumplir 40 años. El consejo es evitar una coloración demasiado intensa cuando el objetivo sea suavizar las facciones e iluminar el rostro.

También debe tenerse en cuenta el mantenimiento. Un color oscuro y compacto puede marcar con mayor rapidez el crecimiento de las canas, debido al contraste que se produce entre las raíces claras y el resto del cabello.

Por eso, antes de elegir un negro profundo, conviene analizar cómo se verá el tono junto a la piel y qué nivel de mantenimiento requerirá. La elección deberá contemplar tanto el resultado inicial como su evolución con el paso de las semanas.

Qué tonos de pelo favorecen después de los 40

Una alternativa consiste en mantener una base castaña e incorporar reflejos, mechas suaves o matices cálidos. Estas técnicas permiten conservar la profundidad del pelo oscuro, pero evitan que el color se vea rígido o completamente uniforme.

Las mechas ubicadas alrededor del rostro pueden aportar puntos de luz y reducir el contraste con la piel. No hace falta realizar una transformación extrema: unos pocos tonos estratégicamente distribuidos pueden modificar la percepción general del cabello.

Entre las opciones aparecen los castaños chocolate, avellana, caramelo o moka, aunque la elección final debe realizarse en función del subtono de la piel. No todos los colores cálidos o fríos producen el mismo efecto en cada persona.

Los especialistas también desaconsejan pasar automáticamente a un rubio muy claro bajo la idea de que siempre rejuvenece. Según el peluquero Gabriel Llano, los rubios excesivamente uniformes también pueden sumar años y restarle dimensión al cabello.

La recomendación es buscar una combinación de matices. Un tono principal acompañado por reflejos sutiles puede aportar movimiento, mejorar la luminosidad y evitar el efecto artificial que producen algunas coloraciones completamente planas.

Además del color, influyen el corte, la textura y la forma de peinar el cabello. Un buen trabajo de capas o movimiento puede acompañar la coloración y ayudar a enmarcar el rostro de una manera más suave.

En definitiva, la edad no obliga a elegir una tonalidad específica. Después de los 40, el objetivo debería ser encontrar un color que acompañe la piel, respete las facciones y aporte luz sin obligar a abandonar el estilo personal.

Un castaño con dimensión, unas mechas estratégicas o reflejos cálidos pueden ofrecer un resultado más armónico. La clave no está en evitar completamente el pelo oscuro, sino en adaptar su intensidad y sus matices para que favorezca al rostro.