Hay algo de extrañeza al enfrentarse a un libro escrito completamente en presente. Da la sensación de que lo que se narra se diluye, casi desaparece y muere en el mismo instante en el que se lee.

Los relatos cortos incluidos en "Velcro y yo", de Martin Rejtman, tienen la capacidad de sumergir a quien se enfrente al texto en un entorno presente y palpable diferente del inmediato. Tienen la inmensa generosidad de invitarlo a imprimir su propio ritmo en la lectura. Voraz, vorágine y descontrolada. O lenta, concienzuda, pausada. En cualquier caso, leerlos es como entrar en un túnel.

Todos y cada uno de los personajes de los cuentos que forman parte del libro tienen una rara entrega con la despreocupación, que de a ratos enfrentarán al lector más obsesivo a la necesidad de definiciones o a obligarlos secretamente -y a veces hasta exigirles- a que tomen decisiones que los saquen del estado apático al que caen una y otra vez. Aparentemente apático.

“Así como lo mojado deja de parecerle mojado porque pierde relación con otras cosas, después del largo treinta y cuatro los pensamientos dejan de ser pensamientos y lo único que existe es su propia respiración”. Javier, uno de los protagonistas de “Los Argentinos”, abre la historia con una acción interesante: echar por tierra el entorno y posar su atención sólo en su respiración. Una existencia mecánica, como máquina. El editor, muy atinadamente, generaliza esto y dice “así son los cuentos de Velcro y yo: los treinta y cuatro primeros largos, llevados al terreno de la lectura, entregan ese mundo bonsái de sensaciones extrañamente familiares; pero en determinado momento, unos movimientos mueven a otros y la deriva deviene flotación y la extrañeza no tiene que ver con los escenarios ni con los rostros, sino con la forma en que nos desplazamos entre ellos”.

Esta lacónica existencia, plagada de falta de interés y abulia puede ser la actitud promedio de la "generación X" a mediados de los noventa. En 1996 se edita por primera vez el libro. No es difícil asociarlo a una expresión genuina del sentimiento de la época. Aunque sorprende la vigencia y la feroz actualidad de su propuesta.

Uno de los grandes aciertos del autor es el recorte temporal de la vida de los protagonistas. Puede verse sólo un segmento. Cada relato es como espiar una parte del día de una persona y después dejarla seguir. No hay situaciones especialmente importantes. Rejtman entiende ésto, que de todas formas la vida sigue y allí radica su fortaleza como narrador: los personajes se diluyen, se escapan, dejando al lector un sabor amargo y sabiendo que seguirán siendo iguales y que da lo mismo, al fin de cuentas cualquier cosa da lo mismo para ellos.

Cuando se intenta un acercamiento a la narración buscando una inmersión en ese devenir del acontecimiento, donde no hay pasado pero tampoco futuro, la sensación de abismo se disuelve frente a una extraña sensación de libertad. No existe nada ni nadie que imponga forma a menos que se le dé el crédito suficiente como para adoptarla como propia. Y ese parece ser el juego de los personajes. Su apuesta: una verdadera valentía.

Sobre el autor

Martín Rejtman es escritor, guionista y director de cine. Entre sus películas más conocidas se encuentran "Silvia Prieto" y "Los guantes mágicos", ambas muy aclamadas por la crítica cinematográfica nacional. Como autor, editó "Rapado", "Velcro y yo" y "Literatura y otros cuentos".