Como lo definió David Pilling en el Financial Times, "un fascinante juego de poker se está llevando a cabo en la península coreana. El problema es que nadie ha visto nunca antes jugar al poker al muchacho coreano". El muchacho es Kim Jong-Un, el flamante dictador que en 2012 sucedió a su padre, el otro dictador Kim Jong-Il. Recientemente, Kim Jong-Un se declaró en "estado de guerra" con Corea del Sur, afirmando que de allí en adelante cualquier cuestión conflictiva entre los dos países será resuelta por medio de las armas. Ha amenazado con la utilización de armamento nuclear, cerrado el parque industrial de Kaesong -un emprendimiento conjunto con Corea del Sur-, advertido a los extranjeros que abandonen el territorio surcoreano ante la inminencia de un ataque nuclear y ha amenazado con un ataque a territorio estadounidense.
Corea del Norte acusa a su vecino del sur y a los Estados Unidos de llevar a cabo acciones hostiles contra ella, tales como los ejercicios militares conjuntos y las manifestaciones callejeras en Seúl, donde retratos de Kim Jong-II, Kim Jong-Un y Kim II Sung - el abuelo del actual dictador- han sido quemados. A su vez, no acepta las sanciones por parte de las Naciones Unidas resultantes de su desarrollo nuclear iniciado en el 2006.
Por años las negociaciones con Corea del Norte han consistido, sin suerte, en detener su programa nuclear. Y pese a que en febrero de 2012 Kim Jong-Un acordó suspender las pruebas de misiles de larga distancia para recibir ayuda alimentaria por parte de los Estados Unidos, ha declarado que la condición nuclear de su país es "no negociable".
A su vez, Seúl ha tildado las amenazas norcoreanas de un bluff, aunque ha autorizado a las fuerzas armadas surcoreanas a responder militarmente a cualquier ataque. Si bien no es posible asegurar que Kim no se levante una mañana dispuesto a "apretar los botones", -The Economist estima que un conflicto armado podría causar la muerte de un millón de personas e impactar la economía asiática en su conjunto-, los optimistas estiman que los últimos acontecimientos no son más que la continuidad de la política de extorsión llevada a cabo por los Kim, tanto para obtener ayuda internacional como para seguir manteniendo el culto a la personalidad del líder; y que los actuales acontecimientos probablemente no dejen de ser una macabra expresión de los arrebatos nacionalistas y efectistas que los gobiernos autoritarios suelen poner en práctica cuando necesitan solidificar su imagen frente a un pueblo generalmente reprimido, empobrecido y pobremente educado.
La caída de la Unión Soviética y sus satélites a partir de 1991 dejó dos "viudas" relevantes: Cuba y Corea del Norte. Las dos han seguido recibiendo ayuda económica de países amigos, si bien en la actualidad el régimen de los Kim es más represivo y atrasado que el de los Castro.
Impresiona el hecho de que luego de la finalización de la guerra y aproximadamente hasta fines de los 60, el GDP de las dos Coreas eran similares; sin embargo parece claro que la apabullante diferencia actual entre las dos radica en los modelos político-económicos adoptados: la democracia capitalista del Sur frente a la dictadura comunista del Norte. Bajo la influencia de la Unión Soviética, Corea del Norte optó por un régimen dictatorial y de economía centralmente planificada, mientras la Corea del Sur, bajo la influencia de los Estados Unidos, optó por un régimen republicano y económicamente progresivamente abierto. Aunque luego de la guerra, Corea del Sur y la economía surcoreana se basó en una fuerte participación del Estado, con el correr del tiempo fue evolucionando a una economía de mercado.
Corea del Norte es una dictadura totalitaria comunista con el consabido culto a la personalidad de sus líderes. Como natural consecuencia, décadas de un sistema político-económico cerrado, totalmente controlado por el Estado, ha resultado en una economía que no crea riqueza, atrasada y dependiente de la ayuda internacional para alimentar a sus 27 millones de habitantes. Asimismo el constante avance de su programa nuclear la ha llevado a permanecer aislada del resto del mundo. Pese a la ayuda internacional, se estima que aproximadamente dos millones de personas han muerto desde mediados de los 90 debido a la escasez de alimentos, a desastres naturales y el desacertado manejo de su economía. Más del 25 por ciento de sus niños se encuentra subalimentado, mientras que el país sufre de inestabilidad macroeconómica, profundización de la inequidad y corrupción. Ha incurrido sistemáticamente en abuso a los derechos humanos mediante tortura, ejecuciones públicas, mano de obra esclava y presos políticos -estimaciones recientes los ubican en 200.000.
Estimar su PBI es una tarea dificultosa debido a la escasez de datos confiables y la dificultad para establecer un tipo de cambio apropiado. Pese a ello se estima que el producto bruto per cápita se ubica en u$s 2000, 15 veces menos que su vecino sureño.
El régimen empieza a tambalear debido al surgimiento de una incipiente clase empresarial que utiliza el mercado negro, el contrabando, las conexiones internas y las coimas para introducir productos desde China y Corea del Sur. Además, aunque prohibida, Internet ha comenzado a influir lenta pero persistentemente en la mente de los jóvenes; ahora ellos están comenzando a comparar; como en la vieja Unión Soviética.
Corea del Sur no llevó a cabo desregulaciones o liberalizaciones de su comercio y sistema financiero hasta bien entrados los años 80. Tampoco incentivó la inversión extranjera. Inicialmente generó políticas industriales diseñadas por el Estado y que tomaron la forma de crédito subsidiado, regulación de las importaciones y subsidios a las exportaciones, incentivos de impuestos y otras formas transitorias y racionales de intervención en la economía. Pero a partir de los 80, profundizó su inserción en la economía mundial, mantuvo una relativa estabilidad económica, logró altos niveles de inversión y dejó que el mercado asignara los recursos y los precios. Como consecuencia de ello, su PBI alcanza hoy a u$s 30.000 per cápita, con una tasa de desempleo del 3,5%, una inflación apenas superior al 3% y un superávit de cuenta corriente de 2,4%. En los ránkings de competitividad se encuentra entre los 20 países más competitivos. Muestra muy altos niveles en los factores de infraestructura, tecnología, educación e innovación y ha logrado establecer empresas competitivas mundialmente, como Samsung en electrónica y Hyundai y Kia en automóviles.
Esperemos que el juego de poker del joven Kim sea no el de apretar los botones de la guerra si no hacerlo con aquellos que le permitan a su pueblo abandonar el sometimiento, el atraso y el aislamiento; una mirada de estadista y no de caudillo le daría la oportunidad de amalgamar su economía con su vecino del sur y con el resto del mundo y gradualmente ir creando riqueza y prosperidad para su gente y finalmente liberalizando el país. Esperemos...z we