

Un estudio científico realizado en Uruguay halló alteraciones en la memoria, la atención y otras funciones cerebrales en personas que consumen cannabis de forma crónica.
Los efectos fueron más marcados en quienes utilizan marihuana con alta concentración de THC y mantienen el consumo durante más de un año.
Rodolfo Ferrando, médico, investigador y docente que participó en la investigación, explicó que los cambios se observan principalmente en la corteza prefrontal, una región clave para las funciones cognitivas de alto orden. “Lo que encontramos es una disminución de la función del cerebro, sobre todo en áreas de la corteza prefrontal, que es una región muy significativa en el cerebro humano, porque está relacionada con las funciones cognitivas de alto orden, típicas de nuestra especie”, señaló.
Según Ferrando, la memoria es uno de los dominios más afectados en los estudios neuropsicológicos realizados, aunque no forma parte per se de las funciones ejecutivas. Además de la memoria, los participantes presentaron dificultades en la capacidad de atención y en las funciones ejecutivas —entre ellas planificación, resolución de problemas complejos, control inhibitorio y flexibilidad mental—, capacidades esenciales para el desempeño en actividades cotidianas y laborales.
Los investigadores también reportaron alteraciones en la regulación del comportamiento y las emociones, lo que podría influir en la convivencia social y el bienestar psicológico de los consumidores crónicos.
No obstante, el equipo advirtió que algunos de estos efectos muestran “cierta reversibilidad con el tiempo”, lo que sugiere la posibilidad de recuperación parcial de las funciones cognitivas tras la reducción o cese del consumo. El estudio subraya además la relevancia de la concentración de THC y la duración del consumo como factores de riesgo, orientando a políticas de salud pública y a la necesidad de medidas preventivas y de apoyo para consumidores problemáticos.
Los autores instan a continuar la investigación para establecer con mayor precisión la magnitud y la persistencia de los déficits, así como los mecanismos biológicos subyacentes y las estrategias terapéuticas que favorezcan la recuperación cognitiva.











