En esta noticia
Jan Kok (*)
La mayoría de los países de Lejano Oriente son altamente dependientes de fuentes de energía no renovables. En las últimas dos décadas, el Gas Natural Licuado (LNG por sus siglas en inglés) creció de forma fuerte e ininterrumpida, convirtiéndose en un combustible casi irreemplazable. Aunque en el corto plazo es posible que varias centrales térmicas vuelvan a usar carbón como combustible, la transición a LNG es irreversible, pero necesita previsibilidad.
En 2024 el LNG que fue exportado a distintos mercados fue del orden de los 400 millones de toneladas (MTPA). Países de Lejano Oriente incluyendo la India y Tailandia importaron alrededor de 252 MTPA y países europeos alrededor de 39 MTPA. Los mayores exportadores fueron los Estados Unidos con 90 MTPA, Australia 88 MTPA y Qatar 77 MTPA. Cabe destacar que la producción de Australia se dirige exclusivamente a países de Lejano Oriente, la de Estados Unidos se divide casi en partes iguales entre Europa (especialmente a partir del conflicto ruso-ucraniano) y Lejano Oriente, en tanto que de Qatar aproximadamente el 70% va a Lejano Oriente y 20% a Europa.
Las proyecciones de producción para el 2030 son del orden de los 700 MTPA. Esos 300 MTPA adicionales están actualmente en proceso de desarrollo y aquí es donde empiezan las preguntas.
Primeramente, la tendencia de los últimos años ha sido la migración de contratos de largo plazo a plazos menores, incluso “spot”. La gran liquidez mundial ha permitido avanzar en el financiamiento de estos proyectos, mismo sin contratos comprometiendo el total de la producción de los nuevos jugadores. Esto ha sido posible, mismo considerando que en el futuro cercano esa producción adicional presionaría los precios hacia la baja.
Cuestionamientos
El conflicto en desarrollo, independiente de su duración, aunque por mil motivos esperemos que sea breve, está generando cuestionamientos del lado de los compradores que necesitan seguridad energética. El cierre del estrecho de Ormuz ha generado una crisis de previsibilidad, de precios y riesgos de desabastecimientos críticos.
El cierre por bombardeo de dos trenes de producción de Qatar va a requerir hasta cinco años para su recuperación que implica una disminución de la producción del orden del 17% (unos 13 MMTPA), independientemente del cese total de producción hasta que reabra la navegación.
La amenaza de Yemen de cerrar el estrecho de Bab-El-Mandeb, que, si bien es vía de salida mayormente de petróleo, es un ingrediente más para considerar la previsibilidad y continuidad del flujo de combustibles de Medio Oriente.
Esto está generando fuertes cuestionamientos con vistas a futuros compromisos de compra. Qatar, teniendo mayormente contratos fijos a largo plazo y con fuertes proyecciones de incrementar su producción, sumado a los trabajos necesarios para recuperar la perdida por los bombardeos, va a tener que competir, no solo con Estados Unidos sino con otros países con proyectos avanzados de exportación, entre ellos Argentina. Si bien su volumen previsto de exportación no pesa en el volumen proyectado a 2030 de 700 MTPA.
Enhorabuena que recientemente se han generado las condiciones tan pedidas por los inversores de seguridad jurídica e impositiva, cuyas consecuencias están a la vista y permitirán generar el correspondiente interés de adquirir LNG argentino con la previsibilidad que permita a los compradores la buscada seguridad energética.
Esto recién empieza.
(*) Experto en transporte marítimo.