

Mientras el frente comercial muestra señales positivas, con un superávit cercano a los US$ 3.000 millones y un saldo acumulado en 2026 que alcanza un récord histórico, el riesgo país continúa escalando y refleja las dificultades para consolidar una mejora en la percepción de la deuda soberana.
El Banco Central (BCRA) mantiene sus compras de dólares, en un contexto en el que la inflación mensual se sostiene por debajo del 2%. Estos indicadores contribuyen a reforzar la estabilidad macroeconómica y las perspectivas de acumulación de reservas. Sin embargo, la mejora de los fundamentos comerciales y monetarios todavía no se traduce plenamente en una reducción del costo de financiamiento de la Argentina.
El foco estuvo puesto en los factores que explican esta divergencia. En el plano internacional, las condiciones financieras externas y los movimientos de las tasas de interés globales afectan la valuación de los bonos emergentes y condicionan la recuperación de la deuda argentina. A esto se suma la incertidumbre electoral, que introduce volatilidad y lleva a los inversores a exigir una mayor compensación por el riesgo de mantener activos locales.
En este escenario, el análisis se centró en las variables que sigue el mercado para entender la suba del EMBI argentino —el indicador que mide el riesgo país— y evaluar las perspectivas macroeconómicas de mediano plazo. Entre ellas, se destacan la evolución de las reservas, la sostenibilidad del superávit comercial, la dinámica inflacionaria, la política monetaria y fiscal, y la capacidad del Gobierno para recuperar la confianza de los inversores.
La principal conclusión es que la mejora de los indicadores macroeconómicos no garantiza, por sí sola, una compresión del riesgo país. Para que los bonos argentinos consoliden una recuperación, el mercado necesita no solo señales de estabilidad interna, sino también un contexto financiero internacional más favorable y una reducción de la incertidumbre política.












