Con el inicio de cada año, surgen las promesas y los anhelos a cumplir a lo largo de los 12 meses por venir. En economía, los presupuestos son anuales, los balances de las empresas también. Muchas contrataciones también se cuentan cada 365 días. Pero sobre todo, los guarismos que publican todos los organismos estadísticos, el vilipendiado Indec incluido, dan cifras medidas en porcentajes o cantidades por año.
Es casi inevitable escapar, entonces, a las comparaciones. ¿Cuáles son los propósitos que la economía argentina debería plantearse para ir cumpliendo a lo largo del año que comenzó hace dos semanas?
Para responder a esta pregunta, primero debería consensuarse un diagnóstico rápido de qué síntomas son los que presenta hoy. Cualquier tratamiento arranca con una premisa inicial ineludible: asumir que hay un problema a superar. Sin eso, o no existe el conocimiento de la cuestión o no hay voluntad de salir adelante en caminos que generalmente están plagados de dificultades adicionales. Ensayemos una foto de los problemas que enfrenta la economía argentina actual.
1- Inflación: si nos atenemos a las estadísticas del IPC Congreso, mediciones privadas o los mismos sindicatos que usan como base para sus reclamos salariales, el costo de vida subió en 2012 entre un 24 y un 26 % anual.
2- Déficit fiscal creciente: del endiosado superávit gemelo, se pasó, en un lustro, a un rojo en las cuentas públicas y un sistema de control de importaciones y de divisas para evitar también un rojo en el sector externo. Objetivo logrado, ¿victoria pírrica?
3- Déficit energético: cada año se precisan más divisas para importar lo que atentó el cóctel de tarifas subsidiadas, devaluación que no se trasladó a productores, cambios en el mercado internacional y mayor demanda acumulada durante la última década.
4- Baja calidad de la prestación de los servicios públicos urbanos: empezando por el transporte y siguiendo por el suministro eléctrico, las comunicaciones telefónicas móviles, la seguridad ciudadana, la salud pública y la educación formal; la combinación de tarifas desfasadas, ajustes salariales, baja o nula inversión en infraestructura y una creciente costo de congestión; lo barato termina saliendo caro.
5- Fragmentación social y laboral: la tasa de desocupación fue bajando desde los niveles apocalípticos del 2001, pero paree haber encontrado un piso difícil de perforar en los guarismos actuales y luego de años de crecimiento sostenido. A esto se suma la situación del sector público, principal creador de puestos de trabajo (ahora en rojo fiscal) y el difícil camino de desandar con los hoy beneficiarios de programas sociales con o sin contraprestación (excepción hecha de las pensiones y la Asignación Universal por Hijo). Es como que la emergencia se haya trastocado en una foto permanente que estratifica las divisiones sociales y jaquea la dinámica social futura.
6- Bajas tasas de crecimiento proyectadas comparadas: finalmente luego de casi diez años de tasas chinas, los demás países de la región tienen una combinación de más crecimiento y menos inflación que despierta la envidia entre nosotros. Mientras la economía argentina crecía al doble que la de Brasil o Chile, el alza de precios, era el costo por tal perfomance. Hoy ya ni ese consuelo sirve para entender las causas de este bajón. Desgano por la inversión privadas, restricciones externas, control de cambios e importacionesàtodo suma a la hora e impulsar los animal spirits de los que se entusiasmaba Keynes.
Que existan problemas no es malo en sí: desde que la ciencia económica es la que administra recursos escasos, se sitúa en un contexto de inconvenientes. El stock de riqueza inicial puede favorecer una empujón inicial pero, como fue comprobado en algunos casos de estudio (como el mal holandés o las finanzas de la Corona Española en la época colonial), en el que una fuerte afluencia de ingresos terminaba debilitando la economía en el largo plazo.
Los problemas pueden servir para tres cosas:
a) La primera es para asustarse y añorar otras épocas sin esas calamidades. Es la fuga hacia el pasado o el futuro. La utopía sin ligazón con la realidad presente.
b) Aguijonear la estructura para producir un resultado superador de la coyuntura inmediato, un péndulo que oscila de un lado a otro buscando escapara de una situación sin importar la siguiente.
c) Configurar entre nosotros una respuesta basada en un conocimiento acabado de nuestra propia identidad. Es el FODA (Fortalezas, Oportunidades, Debilidades y Amenazas) en que la estrategia intenta sistematizar dichos conocimientos. Sin mentirse y con un agudo sentido del realismo, la correcta contestación a este planteo sí implica el primer escalón hacia encontrar soluciones sustentables, en el que todos estén al menos un poco mejor al finalizar el año.
Del buen diagnóstico y la sinceridad de las respuestas, saldrá un país con mejores números dentro de 12 meses.