Falta poco tiempo para elegir presidente, sin embargo en un contexto social pleno de reclamos, los partidos políticos y sus referentes no formulan iniciativas. No es de extrañar, entonces, que en esta atmósfera el oficialismo resulte aventajado. Este, tampoco elaboró nuevas bases, pues en caso contrario, no sostendría la profundización de un modelo que denuncia debilidades. Pero tiene la ventaja de ejercer el poder con todo lo que ello implica ante las incógnitas que suscita el silencio de los aspirantes a la sucesión.

Los temas aquí escogidos representan aspectos que demandan pronunciamientos de la dirigencia política, pues la indiferencia sobre los mismos nos condena a la insignificancia emprendida hace más de medio siglo. No se trata de individualizar responsables, sino de identificar obstáculos inevitables y de especificar soluciones adecuadas y creíbles.

Energía: de exportadores nos convertimos en importadores con fuerte disminución de reservas de gas y petróleo en un 43 y 11% respectivamente. Según informe del Grupo de Ex Secretarios de Energía la situación denuncia una descapitalización estimada en u$s 100.000 millones, cercano al 30% del PBI.

Política fiscal: los ingresos de los fiscos en todos lo niveles de gobierno han crecido significativamente y superan registros históricos, al igual que un gasto público consolidado en torno del 40% del PBI, sin que sea la inversión en infraestructura la que lo potencia. El avance del empleo público global amentó el 45% en una década y en el presupuesto del gobierno nacional equivale al 15% del gasto. El problema no es la cantidad, sino el desvío de recursos hacia actividades de baja o nula productividad, como en el caso de los subsidios que sólo en transportes urbanos y de larga distancia representó desde mayo de 2002 34.000 millones de pesos. La vigencia de impuestos desacreditados por toda la doctrina como los recaen sobre los Bienes Personales, a la Renta Mínima Presunta, al cheque y las Retenciones que se pueden justificar excepcionalmente, delatan inconsistencias que merecen corrección, máxime frente a ostensibles desvíos cambiarios sectoriales.

Dinero, crédito, endeudamiento: la atmósfera inflacionaria espanta el dinero de los bolsillos y el impuesto sobre Débitos y Créditos Bancarios limita la bancarización, o sea los depósitos y los préstamos y aborta una herramienta insustituible en el sistema económico. El stock de crédito, 12% del PBI, debe ser el más bajo del planeta y obstaculiza el desarrollo. La inflación que reaparece en 2005 (12,3%) y se mantiene un poco por debajo en 2006 y 2007 ( 9,8 y 8,5 % según FIDE), no es ajena a niveles de gasto que demandan moderación, sobre todo los improductivos, al igual que la distribución de jubilaciones sin aportes previos.

Política laboral: en la medida en que los aumentos resultan desvinculados de la productividad, atizan las rivalidades sindicales y cuando se generalizan comprometen la estabilidad. Por ejemplo 37% en el caso de los porteros, 33 en seguridad y estaciones de servicios y bancarios 29% marcan diferencias con respecto a camioneros (24% ) y a otros gremios, según datos de AMZ abogados. Los abismos empujan conflictos no ajenos a la economía.

Educación, ciencia y técnica: si bien sectores de la ciencia han mantenido un respetable nivel, en materia de educación y de técnica, el país ha perdido posiciones. Cortas jornadas que se alejan de exigencias mundiales superadoras de los 180 días de clase e ideas que no favorecen la disciplina y dedicación de maestros, profesores y alumnos, dejan de ser las vigas maestras en la enseñanza argentina. Siguiendo a Guadagni, recuerdo la prohibición de publicar los resultados de las evaluaciones oficiales a los colegios como si todo fuera igual. En Chile y Brasil los mismos se divulgan como servicio público. Las pruebas PISA son ilustrativas.

El ingreso universitario irrestricto supone un impresionante derroche de recursos pues se gradúan poco más del 20% de los cursantes. La brecha entre la superpoblada matrícula en ciencias sociales frente a las denominadas duras denuncia otra histórica desviación. En Cuba, rige examen de ingreso al igual que en Chile y Brasil. En la Isla el cupo es de 46.341 plazas con esta singular definición: a cada vacante en ciencias sociales corresponden seis en carreras científicas y tecnológicas. Los contrastes acompañan. Por ejemplo las patentes en Chile y Brasil aumentaron 60 y 49% respectivamente. En La Argentina, Venezuela y México disminuyeron en la misma década que culmina en 2010.

Inmigración y diplomacia: el paisaje es desolador. Corrientes inmigratorias y consecuencias que conmoverían al mundo no llaman la atención, aún cuando el ingreso de extranjeros presiona las demandas sociales como salud, educación, trabajo, vivienda y seguridad. El Código de la Unión Europea lo contempla. No se trata de un problema policial o de racismo. Se debe encarar a través de acuerdos y normas equilibradotas que tampoco aparecen en las agendas políticas.

Un programa ambicioso debería acercar muchos temas, pero los rubros puntualizados merecen alta consideración y definiciones porque son los enfoques que exhiban los agrupamientos políticos los que aliviarán los pasivos argentinos. Las indefiniciones actuales denuncian severas limitaciones intelectuales que no servirán para enriquecer un porvenir argentino cargado de incógnitas. Nuevos hechos como la expansión sostenida de la población mundial y de la clase media global, ésta ascendería a 3 ó 4 mil millones en 30 años, más la casi inelástica superficie cultivable ya que aumentaría sólo un 50%, ameritan idear un capítulo para empujar la agro-industria sin desmedro de otros sectores competitivos para magnificar el PBI y el empleo, habida cuenta que las proyecciones de demanda y de precios son gigantescas. Con Ortega aquello de argentinos a las cosas (1922) sigue vigente.