

La continuidad y la profundización del modelo de desarrollo económico e inclusión social que se viene implementando en Argentina no solo se vale de la voluntad de un conjunto de actores. Para avanzar en la industrialización el país, diversificando la matriz productiva con productos de alto valor agregado y con más distribución de riqueza se requiere conocimiento.
Desde 2003, el país ha ido encarando una reconstrucción de su sector científico-tecnológico. Ello puede apreciarse en la recuperación de un conjunto de indicadores de insumo. Así como aumentó el porcentaje del PBI dedicado a la inversión en ciencia y tecnología, también se incrementó la cantidad de recursos humanos calificados formados en el país. Entre 2003 y 2010 el plantel de investigadores del Conicet aumentó 67%y los becarios 242%. Pero al concluir la beca quienes se fueron doctorando intentaron ingresar a la Carrera del Investigador Científico del Conicet o buscaron trabajo en el sector privado. Allí aparece el problema.
En tanto la meta de incrementar la base de recursos humanos altamente calificados fue cumplida por la política desarrollada desde entonces, el desafío actual es producir una nueva generación de políticas que favorezcan su inserción. ¿Dónde? Se ha pretendido que -a la par que la estructura productiva se recuperara-gran parte de los recursos humanos formados iban a fluir hacia el sector privado. Pero eso no ha ocurrido. Grandes sumas fueron destinadas a facilitar la incorporación de científicos al sector privado sin que eso se produjera en una escala significativa. La inversión del sector privado en ciencia y tecnología no sube de un exiguo 30% de la inversión total en el sector, lo que no supera sus valores históricos.
Así, en Conicet y sólo en el 2011 han quedado afuera 1630 doctores en una situación laboral delicada. Este problema, que se había comenzado a manifestar en años anteriores, se agravó en el presente, y de no instrumentarse políticas con contenido estratégico, estaremos a la brevedad frente a un nuevo desaprovechamiento de los doctores formados -y de la inversión realizada-, o en el peor de los casos, ante una nueva emigración de talentos con mayor calificación que en épocas anteriores.
Incorporarlos a las universidades nacionales -aumentando la cantidad de dedicaciones full time- a través de la promoción de concursos; estimular su ingreso a diferentes dependencias de la administración pública, o sumarlos a los planteles científicos de instituciones como la CNEA, INTA, INIDEP, SEGEMAR, con la finalidad de desarrollar proyectos concretos en áreas sensibles y estratégicas, puede constituir un gran paso.
Un sistema de ciencia y tecnología sólido y activo permitiría avanzar en aquello que la presidenta ha subrayado más de una vez: agregar valor con trabajo de argentinos. Pero también, demostrará su utilidad para resolver los complejos problemas de desarrollo económico y social que a futuro enfrenta nuestro país.









