Percibimos que el resultado de las elecciones del domingo abre el camino para trabajar activamente en la Concordia Política de cara al 2015 imaginando que otro país es posible. Argentina está madura para intentar resolver sus desajustes estructurales, hombro con hombro y mirando al futuro en convergencia colectiva.
En la provincia de Buenos Aires, de cada diez ciudadanos casi ocho votaron a dos intendentes exitosos confirmando que la gestión eficaz viene mejorando la utilidad de la política. Es más, nos permitimos imaginar que la centralidad de la gestión pública será el signo distintivo de la próxima etapa de la democracia argentina como sostén de legitimidad política.
A treinta años de la recuperación democrática ya es tiempo de consensos y políticas de estado donde, aunque sea por picardía, las dirigencias de todas las fuerzas deberían advertir el valor de los escenarios ganador-ganador, porque siguen habiendo problemas que si no los arreglamos entre todos no los arregla nadie.
No todo está mal, pero hay mucho por corregir. Probablemente la corrección central sea en el modo de hacer política, superando confrontaciones estériles e ideologismos banales.
Como vino ocurriendo durante el último medio siglo en occidente hubieron momentos en que las naciones construyeron acuerdos que marcaron un antes y un después de sus respectivos desarrollos. En nuestra democracia tuvimos presente en su momento el Pacto de la Moncloa español y hoy observamos con atención el Pacto por México. Todas experiencias que se lograron con diálogo franco e intenso de las fuerzas políticas.
Creemos que en esta etapa de Argentina, si hubiera posibilidad de diálogo político en esa dirección, habría dos agendas para construir y dos responsables para su ejecución.
Como meros ejemplos señalamos que en lo inmediato debería acordarse la redefinición de la matriz energética y el combate contra el narcotráfico, demandas que necesitan resultados urgentes, con consensos cuya puesta en ejecución corresponde al actual Gobierno.
Para los próximos veinte meses, buscando coincidencias base para ejecutarse a partir de diciembre de 2015, se podrían trabajar acuerdos sobre cinco grandes bloques:
n 1. Educación, ciencia y tecnología; 2. Desarrollo regional, Coparticipación, Sistema impositivo. 3. Perfil productivo e Integración internacional. 4. Calidad constitucional. 5. Inclusión, demografía y empleo.
Es en la voluntad política de nuestras dirigencias donde radica la posibilidad de aprovechar esta oportunidad y seguramente quienes mejor la comprenden son las jóvenes camadas de políticos que crecieron en Democracia cuyo flamante protagonismo comienza a hacerse cargo del Siglo XXI.
El debate, no lo dudamos, tendrá que ser de la Argentina en su conjunto pero sería muy oportuno que, haciéndole un lugar en el mismo, el Congreso de la Nación se constituya en comisión. Esta modalidad de trabajo parlamentario es la que permite un buen despliegue de capilaridad social para receptar intereses y saberes, y es perfectamente aplicable en la construcción de un acuerdo de Concordia Política Argentina.
Finalmente corresponde ponderar para esta tarea un activo de la convivencia nacional ya instalado, en desarrollo y compartido por una importante franja militante social y política, la Cultura del Encuentro, ampliamente promovida por nuestro Papa Francisco.