

La sanción de la Ley 26.338 en diciembre de 2007 que crea el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva (MinCyT) expresó la voluntad política de la Presidenta Cristina F. de Kirchner de jerarquizar la temática científico-tecnológica. Como pocos momentos en nuestra historia, la ciencia, la tecnología y la innovación comenzaron a estar presentes en la palabra presidencial con llamativa intensidad. La referencia al tema en la reunión con el presidente Obama en el marco de la última reunión del G-20 en Francia, es una prueba de ello.
No obstante, esto no solo debe ser visto como un recurso retórico. La creación del MinCyT coronó parte del proceso de recuperación de la ciencia y la tecnología en Argentina y reforzó la visibilidad pública y la jerarquización de la temática, logrando trascender el interés en el tema que por años había sido exclusividad de la comunidad científica. Tecnópolis y el Polo Científico Tecnológico de Palermo contribuyeron a solidificar el consenso en torno a la nueva institución.
El presupuesto del sector trepó desde la serie histórica promedio de 0,45 (entre 1990 y 2002) hasta un 0,6% estimado para el año 2010. Eso ha redundado en una recomposición de los salarios reales de los investigadores aunque todavía no en los niveles deseables y en el aumento en la base de recursos humanos de los organismos de investigación, especialmente el CONICET. El Programa Raíces, por su parte, posibilitó la repatriación de más de 800 científicos e investigadores argentinos en el exterior, entre otros logros.
La política del Ministerio avanzó entre otras cosas, con el desarrollo de Fondos Sectoriales y una tarea muy activa en el plano de la cooperación internacional.
Pero la creación del Ministerio no fue acompañada de una transformación institucional de mayor alcance. En gran parte, debido a que no se trasladaron a su órbita a importantes organismos ejecutores de I+D descentralizados, que continuaron con su dependencia institucional de los ministerios correspondientes, tales como la CNEA, el INTA, el INTI, y la CONAE. La desarticulación del sector continúa siendo una realidad difícil de superar.
Adicionalmente, la nueva gestión desactivó la planificación estratégica del sector. La mirada estratégica de largo plazo es de vital importancia porque el horizonte del conocimiento científico y tecnológico se despliega actualmente con mucha rapidez, generando oportunidades y abriendo nuevos campos para nuestras sociedades, a los que es preciso estar atentos.
La planificación estratégica puede ayudar a la resolución de algunos de los problemas que está enfrentando el sector en estos tiempos. La política de formación de recursos humanos calificados por caso ha sido un logro, pero es necesario reflexionar en torno a su posterior inserción, articulando luego con la universidad, otros organismos ejecutores o el mismo sector privado para no arriesgar la posibilidad de producir nue vas emigraciones, ahora con mayores grados de calificación.
A esto, debe agregarse la necesidad de incorporar en los próximos años una agenda social a la política del Ministerio, que permita orientar la producción de científicos e investigadores hacia objetivos de inclusión social, o generar espacios institucionales ágiles para su consecución.
Por último, cabría señalar la necesidad de continuar en el camino del incremento presupuestario, así como en la diversificación de las fuentes de financiamiento de las actividades en ciencia y tecnología, de manera de aumentar el margen de maniobra para la formulación de políticas y el fortalecimiento institucional e ir acotando los niveles de dependencia del financiamiento externo, en sintonía con los objetivos de política del Estado nacional.









