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En México, 43% de los bancos admitió que necesitaba llegar a más personas sin poner en riesgo la seguridad de los usuarios, pese a que 69.1% de la población ya utilizó la banca móvil para realizar operaciones financieras, de acuerdo con el Primer Índice de Inclusión Técnica de Galileo Financial Technologies.

El estudio, basado en las respuestas de más de 600 responsables tecnológicos y ejecutivos de América Latina y Estados Unidos, evidenció que el avance digital no se tradujo automáticamente en una inclusión financiera plena. Barreras técnicas como sistemas heredados, silos de datos y falta de interoperabilidad continuaron limitando el acceso a productos financieros accesibles y seguros.

Tory Jackson, Jefe de Negocios y Estrategia de Galileo Financial Technologies, explicó que el principal reto no fue la conectividad, sino la capacidad tecnológica de las instituciones para procesar información y gestionar riesgos.

“Tener acceso a un teléfono o a una aplicación no garantizó inclusión financiera, porque muchas instituciones no tuvieron la capacidad de manejar la data y, con eso, extender crédito u otros productos con confianza”, afirmó en entrevista.

De acuerdo con cifras oficiales citadas en el comunicado, 81.4% de los mexicanos contó con un teléfono celular; sin embargo, Jackson subrayó que la inclusión fue un proceso dinámico y no una meta fija.

“No es algo que se alcance y ya. Conforme avanza la innovación tecnológica, también se mueve la línea de lo que significa estar verdaderamente incluido”, sostuvo.

Seguridad y sistemas heredados, el cuello de botella

El Índice Galileo de Inclusión Técnica mostró que 67% de los líderes en México identificó a la infraestructura de back-end como el eslabón más débil para ofrecer servicios financieros inclusivos, un problema que terminó reflejándose en la experiencia del usuario.

Jackson señaló que esta debilidad tecnológica dificultó la creación y modificación de productos.

“A muchos bancos les costó muchísimo lanzar algo nuevo o cambiar un proceso pequeño, porque su tecnología no se los permitió. Si no tienes los cimientos adecuados, innovar se vuelve lento y caro”, explicó.

El informe también documentó que 51% de los bancos en México estimó pérdidas de entre 5 y 10% debido a limitaciones tecnológicas, al no poder atender nuevos segmentos o escalar sus servicios.

Para el directivo, parte de estas pérdidas estuvo vinculada con los riesgos de fraude y la necesidad de equilibrar experiencia y seguridad.

“Fue una línea muy delgada. Los usuarios buscaron experiencias más simples y rápidas, pero al mismo tiempo exigieron protección de sus datos y de su dinero. Conforme avanzó la tecnología, también se volvieron más sofisticados los fraudes, por lo que la seguridad tuvo que avanzar al mismo ritmo”, señaló.

El estudio identificó a los silos de datos y a la falta de interoperabilidad como las principales barreras técnicas para ofrecer servicios inclusivos, lo que reforzó la idea de que la inclusión financiera fue, en esencia, un desafío tecnológico.

“La confianza siguió siendo clave. Generarla tomó tiempo, educación y colaboración con todo el ecosistema”, apuntó Jackson.

El directivo concluyó que la modernización tecnológica dejó de ser opcional para el sector financiero.

“Invertir en tecnología no fue un lujo, fue una estrategia para ampliar mercado. Las instituciones que modernizaron su infraestructura pudieron convertir usuarios conectados en clientes activos y comprometidos”, afirmó.