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Steve Jobs, fundador de Apple, destacó la importancia de reconocer la finitud humana durante un memorable discurso, motivando a los jóvenes a perseguir sus aspiraciones con determinación.
Su planteamiento enfatizó que la conciencia de la muerte representa el impulso fundamental para vivir con autenticidad. El concepto de la propia mortalidad no suele aparece en las conversaciones cotidianas, pero para Jobs adquirió un significado profundo en 2004, cuando recibió el diagnóstico de cáncer de páncreas que transformó radicalmente su perspectiva sobre el sentido de la existencia y la necesidad de actuar.
El secreto de Steve Jobs para no bajar los brazos
Durante la ceremonia de graduación de la Universidad de Stanford en 2005, Jobs compartió con miles de asistentes una de sus reflexiones más memorables: “Tu tiempo es limitado, de modo que no lo desperdicies viviendo la vida de alguien distinto”. Con esta declaración, buscaba advertir a los graduados sobre el riesgo de caer en la trampa del dogma y las expectativas externas.
El empresario comprendió que aceptar el final de la vida no debe provocar inmovilización, sino funcionar como catalizador vital. El orador insistió en no permitir que “el ruido de las opiniones de los demás ahogue nuestra propia voz interior”; para él, la valentía de seguir la intuición constituye el único camino hacia la realización personal, ya que el corazón conoce de antemano lo que realmente se desea ser.
Jobs empleó su propia experiencia vulnerable para infundir audacia y confianza en los jóvenes. Su planteamiento subrayaba que ante la proximidad de la muerte, todas las expectativas ajenas, el orgullo y el temor al fracaso se desvanecen, revelando únicamente lo verdaderamente relevante en el trayecto individual.
Cuál es el mejor invento de la vida, según Steve Jobs
El fundador de Apple incentivó a la audiencia a mantener una búsqueda constante de sus pasiones. Bajo la emblemática frase “sigan hambrientos, sigan alocados”, cerró una intervención que hoy se considera un legado ético, invitando a no conformarse con un futuro incierto y a ejecutar planes con convicción.
La lección final de Jobs fue que el tiempo no constituye un recurso ilimitado. Por ello, instó a los estudiantes a ser protagonistas de su propia historia, recordándoles que la conciencia de la finitud es la herramienta más poderosa para evitar creer que se tiene algo que perder. Además, destacó que la muerte es “el mejor invento de la vida”, pues actúa como agente de cambio que elimina lo obsoleto para dar paso a lo nuevo. Steve Jobs falleció el 5 de octubre de 2011 a los 56 años, pero su legado continúa inspirando a generaciones que buscan dejar su propia huella.