Con el Parlamento y el partido de gobierno en su puño, el militar retirado Diosdado Cabello logró relucir entre las figuras clave del poder en Venezuela y quedó mejor parado para ser un eventual delfín de Hugo Chávez, que en su convalecencia debe echar mano de figuras para seducir a las masas.
El ascenso de este pragmático político de 48 años es un fenómeno seguido de cerca por propios y extraños, mientras arrecian las especulaciones sobre la salud de Chávez, que sigue batallando contra el cáncer.
Hasta ahora, nadie del gobierno ha siquiera deslizado abiertamente la posibilidad de que la enfermedad le impida a Chávez competir para un tercer mandato de seis años en las elecciones presidenciales de octubre, lo que obligaría al oficialismo a buscar un nuevo candidato. Pero se sabe que, en las sombras, las internas en el seno del Partido Socialista Único de Venezuela (PSUV) están a la orden del día.
En ese contexto, Cabello, un incondicional a Chávez desde la primera hora, es el nombre que empieza a sonar con más fuerza. Chávez lo nombró este año presidente de la Asamblea Nacional y le delegó las riendas del PSUV, pese a la resistencia de otros chavistas que advierten sobre la concentración de poder, y aún cuando pesan sobre él denuncias de corrupción.
La relación entre Chávez y Cabello es estrecha y de larga data. Los dos participaron en la revuelta militar en febrero de 1992 para derrocar al entonces presidente Carlos Andrés Pérez. Una década después, tras el golpe de Estado contra Chávez en 2002, fue Cabello, entonces vicepresidente, quien tomó la presidencia por un día y organizó el comando que rescató Chávez desde una base naval para regresarlo al poder.
En estos años ocupó cinco ministerios y otros cargos relevantes. Pero es su condición de agitador de las masas lo que parece darle ventaja frente al actual vicepresidente, Elías Jaua, y el canciller Nicolás Maduro, los otros nombres que han sonado para suceder a Chávez en el liderazgo de la revolución.
Cabello se encarga de poner en marcha la aplanadora que el oficialismo tiene en la Asamblea Nacional y llenar de simpatizantes las calles del país, una tarea que estuvo reservada hasta ahora exclusivamente a Chávez.
Además, es visto como una de las pocas personas capaces de controlar a las Fuerzas Armadas, una condición imprescindible para quien pretenda gobernar Venezuela.