La semana arrancó con nuevas advertencias para Grecia y un resurgimiento de las turbulencias tanto en la deuda del país heleno como en la Bolsa de Atenas.

Las dos últimas jornadas de la semana pasada enfriaron la renovada euforia de las sesiones anteriores, cuando la renta variable llegó a dispararse cerca de un 15% en dos días.

El viernes la Bolsa de Atenas había caído 2%, y los números rojos se agravaron en la sesión de ayer, cuando las pérdidas alcanzaron 4,75%. El índice de referencia se alejó de los 800 puntos, arrastrado por las pérdidas de los bancos.

Pero lo peor ocurrió con la deuda pública griega. Las ventas dispararon más de 100 puntos básicos la rentabilidad exigida al bono a dos años. En su escalada, el interés llegó a superar el 21%, un nivel insostenible de financiación.

A más largo plazo, a diez años, las desinversiones dispararon la rentabilidad de la deuda de nuevo por encima del 11%. El resultado fue una escalada en la prima de riesgo superior a los 1.000 puntos básicos, un nivel que en las últimas fechas se convirtió en un barómetro para evaluar la magnitud de las alertas persistentes sobre Grecia.

El recelo de los inversores hacia la deuda griega se reactivó después de que la clasificadora de riesgo Standard and Poors (S&P) anunciara una rebaja del rating el viernes. La agencia estadounidense recortó su calificación crediticia sobre Grecia de B a B-, debido a las dudas sobre un posible acuerdo con la troika. Además, situó su perspectiva crediticia en negativa, lo que abre la puerta a nuevos recortes.

Resurge el temor a una salida de Grecia del euro.

A la rebaja de rating se sumó el tono desafiante que adoptó el nuevo gobierno de Atenas el fin de semana. Su presidente, Aleix Tsipras, lanzó una serie de promesas para contrarrestar el cruel programa de austeridad impuesto por el rescate financiero.

El ministro de Finanzas, Yanis Varoufakis, fue más allá. Además de cargar contra el Banco Central Europeo (BCE), al que acusó de "perder el control de su política monetaria", advirtió acerca del derrumbe que sufriría el euro en el caso de una salida de Grecia de la eurozona.

La respuesta de los analistas es un creciente temor a que Grecia, finalmente, tenga que salir del euro. Desde LNG Capital elevaron esta posibilidad del 35% previo al 50%, y el ex presidente de la Reserva Federal Alan Greenspan sostiene que es solo "cuestión de tiempo" para que Grecia abandone el euro.

En una entrevista con BBC Radio, Greenspan le dijo a los griegos: "No veo que les ayude estar en el euro, y ciertamente no veo que ayude al resto de la eurozona". Y afirmó que es una cuestión de tiempo "que todo el mundo reconozca que separarse es la mejor estrategia".

Por su parte, el ministro británico de Economía, el conservador George Osborne, advirtió en vísperas de la reunión de ayer de ministros de Finanzas del G20 en Turquía, que una marcha de Grecia causaría "una verdadera inestabilidad en los mercados financieros de Europa". Y dijo que su gobierno está "acelerando planes de contingencia" para evitar añadir "inestabilidad en casa" a la "inestabilidad en el extranjero".

El tono desafiante del nuevo Ejecutivo elevó la tensión ante la decisiva reunión extraordinaria del Eurogrupo el próximo miércoles, convocada para intentar acercar posiciones sobre la deuda griega.

La creciente desconfianza de los inversores en un acuerdo sobre Grecia se traduce en un nuevo giro a la baja en la cotización del euro. La divisa co munitaria llegó a cotizarse a 1,13 dólares.