Desde la muerte de Perón, el justicialismo adoptó decenas de caras: todas distintas, todas peronistas. Comenzaron montoneros y metalúrgicos, dirimiendo su interna a los tiros. Los métodos violentos y un evidente triunfalismo sobre el favor popular le impidieron al PJ ganar las elecciones de 1983. La derrota, durísima, permitió el ascenso de un grupo de jóvenes, encabezados por Antonio Cafiero, que se hicieron llamar la Renovación Peronista y que dominó la interna partidaria (Cafiero fue elegido gobernador de la provincia de Buenos Aires en 1987) hasta la sorprendente victoria en las internas presidenciales de Carlos Menem, un año más tarde.
En esos años, el peronismo sufrió un terremoto ideológico: mientras algunos se incorporaron y siguieron al Gobierno, otros, como Carlos Chacho lvarez, empezaron a abandonar sus filas. Muchos peronistas insistían en que el gobierno de Menem no cumplía con el ideario peronista, pero el éxito económico de los primeros años y la cintura política del riojano contuvieron a los críticos.
El conflicto entre Menem y Eduardo Duhalde, sin embargo, provocó una crisis de liderazgo en el PJ que aún dura: formalmente, el gobierno partidario lo tiene la comisión designada en Parque Norte en marzo, de la que renunciaron casi todos sus cargos. El partido presentó tres candidatos presidenciales el año pasado y, quizás, presente dos listas en las legislativas del año próximo: siempre será apresurado juzgar que el fin del peronismo está cerca.