Una patente de invención es un derecho exclusivo que el Estado otorga a un inventor, a cambio de que éste brinde a la sociedad el fruto de su investigación. Las innovaciones contempladas en la patente podrán ser utilizadas libremente por terceros una vez que caduque el derecho otorgado al inventor, en el caso de la Argentina a los 20 años de presentada la solicitud.
La patente es un bien intangible. Al igual que un título de propiedad sobre un inmueble o un automóvil, se puede transferir siendo vendida, heredada o incluso regalada a través de una cesión de derechos (a título gratuito en éste último caso).
No todas las innovaciones son patentables. Una invención debe, por lo general, satisfacer las siguientes condiciones para ser protegida por una patente:
z debe tener aplicación industrial, es decir, reproducible en serie;
z presentar un elemento de novedad, es decir, alguna característica nueva que no se conozca en el cuerpo de conocimiento existente en su ámbito técnico;
z debe presentar un paso inventivo que no podría ser deducido en forma evidente por una persona con un conocimiento medio del ámbito técnico (altura inventiva).
El primer paso para obtener una patente consiste en presentar una solicitud en el Instituto Nacional de la Propiedad Industrial (INPI). El costo de los trámites de patentamiento tiene varios componentes. Hay dos aranceles básicos durante la tramitación: el de presentación ($ 100 para las Pymes o particulares, valor que se duplica para grandes empresas) y la tasa de examen de fondo, de $ 150.
El trámite puede ser realizado tanto en forma personal, como a través de un agente de la Propiedad Industrial. Hasta la concesión, pueden transcurrir hasta 5 años en promedio, dependiendo del área técnica a que se refiera el invento, ya que intervienen varios procesos, como el estudio de factibilidad de la novedad.
Una vez concedida la patente, deben pagarse anualidades para su mantenimiento: del primero al tercer año, $ 50; del cuarto al sexto año, $ 70 y del séptimo en adelante, $ 100.