No hubo negociación que lograra evitar el fracaso. El Gobierno perdió ayer, sin matices, el control de la Cámara de Diputados. Llegó a ese escenario tras verse obligado a rubricar un acuerdo con el arco opositor que lo deja en seria desventaja durante los próximos dos años y que, aun así, fue defendido por el bloque oficialista las varias veces a lo largo del día que estuvo a punto de fracasar. Según la votación unánime del recinto, el kirchnerismo se quedará con la presidencia y la vice segunda de la Cámara –la primera fue para la UCR y la tercera quedó vacante–, pero con minoría en todas las comisiones permanentes. Apenas alcanzó a disminuir esa inferioridad al mínimo en las cuatro que considera indispensables para la gobernabilidad. Así, en Asuntos Constitucionales, Reglamento, Juicio Político y Presupuesto, los kirchneristas quedarán con la mitad menos uno de las bancas; mientras que para el resto de las comisiones regirá una proporción del 56 por ciento para el arco opositor y el 44 para el oficialismo y aliados.
Ese convenio comenzó a tejerse el lunes, como contó El Cronista, pero las puntadas finales recién llegaron anoche, amenazas de ruptura mediante. La llegada del ex presidente Néstor Kirchner al Palacio motivó la primera señal de alarma. El patagónico insistió en ser parte de las negociaciones y se mostró descontento con el resultado al que habían llegado sus delegados, los diputados Agustín Rossi y Patricia Fadel (ver página 3). Su postura motivó demoras en el inicio de la sesión, que había sido convocada para las 17. La oposición presintió un artilugio y bajó en manada al recinto a dar quórum. Llegó allí la primera fotografía del nuevo escenario: sin problemas, el arco antikirchnerista logró a las 17.50 el quórum propio, con más de 140 diputados en sus bancas.
Pero los minutos pasaban y el jujeño Eduardo Fellner, que debía dar inicio a la sesión, no aparecía. La oposición resolvió entonces su segundo golpe al oficialismo: instó a la peronista disidente Graciela Camaño a que, en calidad de presidenta de la comisión de Asuntos Constitucionales, dé inicio a la sesión. Así lo hizo para convocar luego a la diputada decana, Lidia “Pinky Satragno, del PRO, a presidir el resto del encuentro.
Sin el oficialismo en sus bancas, la tensión y el desconcierto iban en aumento. El diputado de centroizquierda Eduardo Macaluse pidió pasar a un cuarto intermedio y, cuando la oposición comenzaba a silbarlo, los legisladores kirchneristas ingresaron al recinto. Las barras, apostadas en las galerías recibieron a Kirchner y Rossi con cantos y papelitos. Elisa Carrió –que ocupó su banca histórica, la que pertenecía al socialista Alfredo Bravo– miraba al ex presidente de reojo.
Inmediatamente, “Pinky comenzó a tomar juramento a los 127 nuevos diputados. La ceremonia llevó más de una hora y media, durante la cual oficialismo y oposición continuaron negociando. Llegó en ese momento la segunda amenaza fuerte de romper el acuerdo: el peronismo disidente de Felipe Solá no estaba dispuesto a dejarle la vicepresidencia segunda de la Cámara a la kirchnerista Fadel. Tres horas les tomó a los negociadores de cada lado recomponer el precario entendimiento y volver al recinto, donde finalmente el presidente del bloque radical, Oscar Aguad, propuso una interpretación del reglamento para que el pleno vote en conjunto las autoridades del cuerpo y la integración de las comisiones. El oficialismo, a pesar de haber prestado acuerdo para la jugada, denunció el apartamiento de las reglas. “Nunca en la historia del parlamento argentino se ha visto esto. Una mayoría circunstancial impone una votación violando todas las normas , acusó Rossi.
Momentos más tarde, tras discursos encendidos, por unanimidad se aprobó el acuerdo de reparto de cargos y Fellner asumió su lugar al frente del cuerpo. Kirchner no llegó a aplaudirlo. Había dejado el recinto inmediatamente después de su primera derrota en Diputados.