Dada la importancia de la cuestión, la Royal Evaluation Office del reino de Pablonia decidió enviar 3 expertos a nuestro país, para que evaluaran el primer año de gestión del gobierno presidido por Néstor Kirchner. Con instrucciones precisas: cada uno de los referidos expertos debe concentrarse exclusivamente en ciertos datos. El primero de ellos, en las estadísticas; el segundo, en las palabras y los gestos presidenciales; el tercero en las decisiones adoptadas.

El primer experto notó que en 2003 el PIB aumentó 8,7% en términos reales con respecto a 2002 (10,7%, comparando el segundo semestre de 2003, con respecto a igual período del año anterior); que la desocupación bajó de 20,8% de la fuerza laboral, en el último trimestre de 2002, a 14,5% en el último de 2003; que la tasa de inflación fue de 3,1% a nivel consumidor, y 5,9% a nivel mayorista, en los 12 meses que finalizan en abril de 2004; y que –no obstante que el tipo de cambio no está fijo–, el dólar se cotizaba a igual precio el primer día hábil de gestión del presidente analizado, que ahora.

A la luz de todos estos datos, no dudó en calificar la gestión de sobresaliente.

El segundo experto notó que el primer mandatario dejó plantados, en su primer viaje a Europa, a empresarios que lo esperaban para desayunar con él y hablar de negocios; que en viajes realizados a países limítrofes, no tuvo tiempo para reunirse con las autoridades constituidas, pero sí con algunos dirigentes políticos de la oposición; que todos los males de la Argentina se deben a “la década de 1990 ; que las empresas privatizadas “no hicieron las inversiones, tapan los pozos de gas, presionan ; que en los 20 últimos años él fue el único que hizo algo por los derechos humanos; al tiempo que les aconseja a los críticos tener “un poco de decoro , y proceder con “racionalidad .

A la luz de todos estos datos, no dudó en calificar la gestión de lamentable.

El tercer experto descubrió la secuencia decisoria utilizada por el Gobierno, consistente en que primero que se arme, después veremos qué hacemos, luego silban mirando para arriba, al tiempo que les echan la culpa a sus antecesores, para finalmente tomar las decisiones que corresponden. Se acordó con el FMI el 9 de setiembre de 2003, cuando había que pagar una cuota que, sin acuerdo, hubiera significado perder la cuarta parte de las reservas del BCRA (el acuerdo, que consiste en abonar todos los intereses, sin quita, y sin recibir un centavo de plata fresca, es decir, de pagarlo con esfuerzo de los contribuyentes, fue vendido como que se puso al FMI contra las cuerdas); y se comenzaron a modificar las tarifas de gas, cuando la crisis fue inminente, y mientras, se crea una empresa nacional de energía, para que opere como testigo.

A la luz de todos estos datos afirmó que, cuando no queda más remedio y están todos

exhaustos, el Gobierno termina tomando las decisiones que tiene que tomar.

¿Cuál es la realidad, la que describe el experto 1, el 2 o el 3? La realidad es todo eso y mucho más.

La buena noticia es que los resultados obtenidos durante el primer año de gestión del presidente Kirchner, tienen mucho más que ver con la suerte (precio de la soja), la porción favorable de la herencia recibida – este gobierno se está comiendo el capital existente en infraestructura, generado durante la ahora maldecida década de 1990– y el hecho de que ni Lavagna ni Prat-Gay son 2 loquitos que creen que hay que poner las políticas fiscal y monetaria al servicio del desarrollo, la dignidad, o la justicia social; que con el proceso decisorio presidencial, ni qué hablar de sus palabras y sus gestos.

La mala noticia es que las rachas favorables terminan, como todo en la vida, y no parece que –frente a las adversidades– el famoso estilo K fuera a modificarse.

¿Cómo debemos tomar decisiones en los 3 años que restan de la presente gestión, o en los próximos 7 años, si Kirchner resulta reelecto en 2007? Entendiendo cómo funciona el estilo K, y actuando en consecuencia.

Gracias a Dios los empresarios no se enganchan con cada palabra, y cada gesto, del primer mandatario. Por formación, y porque bastante tiempo les lleva saber dónde están parados, y solucionar todos los desafíos que tienen que enfrentar, provenientes de la Naturaleza, una situación mundial políticamente turbulenta, que probablemente también vaya a impactar sobre la economía, junto a reglas de juego locales donde saben que, cuando llega la hora de la verdad, estarán irremediablemente solos. Cómo nos sentimos cada uno de los ciudadanos, cuando salimos a la calle; cómo lo aprecia cada empresario, cuando se plantea el abastecimiento energético presente, y el del futuro cercano.

Mamemos nuestra historia, no sólo la de la década del 90, sino la del último par de siglos: vivimos en un país ciclónico, no meramente cíclico; somos pasionales, nos dejamos llevar por los arrebatos, pretendemos reescribir la historia, no resistimos las tentaciones en materia fiscal, etcétera. ¿No sería mejor que dejáramos de ser así? Ciertamente. ¿Es un buen pronóstico pensar que dejaremos de ser así? De ninguna manera.

¡Animo!