Mario Andreani llegó a la Argentina en 1949 empujado por el desempleo en plena etapa de posguerra. Como tantos otros inmigrantes italianos desembarcó solo, con 17 años a cuestas y 10.000 pesos de ahorros. Arrancó como obrero de la construcción en el Puente Alsina y fue creciendo en el rubro, donde primero llegó a maestro mayor de obras y luego a socio de Analvi, su primera empresa. A los 25 años –ya con tres hijos y casado con Mariela, también inmigrante italiana– la prosperidad del rubro donde peleaba y su capacidad emprendedora lo ayudaron a sumar nuevos negocios. Sin embargo, a los 40 años, con ocho empresas a su cargo –entre las que aparecían frigoríficos, una financiera y negocios agroindustriales– falleció y las bases del imperio quedaron en manos de su mujer, por entonces exclusivamente ama de casa. Con espíritu siciliano, Mariela exigió a sus hijos que terminaran sus carreras antes de trabajar en las empresas. La madre del grupo aplicó el “management de su casa , según definen sus hijos. Reestructuró, vendió y acortó gastos para garantizar la supervivencia en un contexto adverso.
A partir de 1985 llegó el momento de sus cuatro hijos: los ingenieros Gian Franco (42) y Adrián (44), el contador Claudio (39) y el arquitecto Alberto (41), que hoy se encuentran al frente del grupo, que tiene ventas por u$s 65 millones.
Aunque con un perfil muy bajo, los empresarios buscan gestar un holding con tres focos de negocio claros: energía, agroindustria y turismo. Por primera vez le hacen sombra a los Andreani más conocidos hasta ahora: los dueños del correo privado con quienes, pese a contar con el mismo apellido, no tienen ninguna relación familiar.
En el negocio energético –principal fuente de ingresos–, son socios del holding italiano Socotherm en la empresa Soco-Ril, la principal firma de revestimientos de gasoductos y oleoductos de América latina, donde invertirán u$s 5 millones este año para incrementar la capacidad de producción e incorporar nuevas tecnologías.
En el terreno hotelero hay varios proyectos en carpeta. Cuentan con la licencia de los Microtel Inn & Suites, con la que ya abrieron tres establecimientos: Costa Salguero (Capital Federal), Malargüe (Mendoza) y el Gran hotel Potrerillos (también en Mendoza), que está en construcción. El objetivo es llegar a diez hoteles en 2005. También cuentan con Tower Inn, otra marca en la que son socios de la Bodega Bianchi. El cuatro estrellas está ubicado en San Rafael (Mendoza) y en él desembolsarán unos u$s 2 millones este año para agregarle un casino –lo operarán en forma directa– y también un centro de convenciones. “Nuestro objetivo es convertirlo en el referente de la hotelería de la zona y ampliar las disponibilidades para el turismo corporativo con un centro de congresos para 500 personas , comenta Gian Franco Andreani. El proyecto de Casino ya fue aprobado por el gobierno provincial y, en pocos días, comenzará la construcción.
Sin embargo, la principal apuesta se dará en el terreno agroindustrial. Los Andreani compraron el 70% de la aceitera Yancanelo, donde son socios de la familia Zingaretti, especialista en aceite de oliva desde 1943. “Invertimos u$s 1,5 millón en la remodelación de la finca y sobre todo en la plantación de unas 1.500 hectáreas de olivos , comenta Claudio Andreani. El objetivo es producir unas 1.000 toneladas de aceite este año y llegar a 3.500 en los próximos tres. El 70% de la producción se exporta a Estados Unidos, Brasil e Italia. Para ello sellaron una alianza con Doménico Ranieri, el grupo italiano, con quien inauguraron el primer establecimiento para producir aceto de la firma fuera de Italia.