Recientemente se han difundido los guarismos presupuestarios, recursos y gastos totales del Gobierno Nacional durante 2009. Es sabido que la expansión fiscal siguió en ascenso, acompañada de aumentos en la presión tributaria y obviamente en las erogaciones tanto corrientes como de capital. La resistencia contra la presión tributaria ha sido también destacada, lo mismo que la denuncia de subsidios de difícil explicación, sobre todo de aquellos más discrecionales dirigidos a provincias y municipios. No ha pasado inadvertido el déficit operativo neto de las empresas públicas al igual que su aumento (49,9%) frente a 2008. Los subsidios totales superaron los 30.000 millones de pesos.
A las distorsiones que acompañan al sistema tributario me he referido infinidad de veces y a las eventuales soluciones también, abogando por drásticos ajustes que contemplaran barrer exenciones en Ganancias, perfeccionar los tributos que recaen sobre gastos y derogar el impuesto sobre los Bienes Personales porque responde a la farsa de ocuparse de los ricos, cuando alcanza a los bienes registrables como la vivienda y el auto que configuran el universo patrimonial básico de pobres y sectores medios de la sociedad. Pero esta vez me preocupa la indiferencia que rodea al crecimiento de casi el 53%, según la ASAP, en “Gastos de capital , pues si el registro es satisfactorio desde el punto de vista contable del desarrollo, empero, merece aclaraciones respecto de qué contempla, fuentes de financiamiento y qué precios relativos acompañaron a las inversiones.
Por gasto de capital debería entenderse toda adquisición de bienes y servicios susceptible de expandir la economía, o sea que contribuya a extender directa o indirectamente la frontera productiva. Es cierto que existen zonas grises pero ello no amerita saltear ese criterio como garantía de recta asignación. Además, para interpretar técnicamente la asignación y sus eventuales resultados, debería considerarse el precio relativo de los bienes de inversión que adquiere el estado. No sea que registros contables o estadísticos incuestionables respondan a decisiones equivocadas y que no contemplen transparentes precios. Es el caso típico de los sobre costos estrechamente relacionados con lealtades políticas o sospechadas irregularidades cualesquiera fuere su laya.
Cuando sólo se examina el significado monetario y su importancia relativa en el contexto fiscal, el gasto o la inversión pueden ocultar su efectiva contribución a la utilidad, productividad y rendimiento económico y social de las erogaciones. Las relaciones capital-producto, o sea cuantas unidades de capital se necesitan para obtener una de producto, ofrecen un indicador adecuado para detectar, eficiencia, desalineamientos y probables causas. Si un puerto, una usina o el tendido de un camino o ramal ferroviario resulta muy oneroso, los significados contable y económico pueden ser contradictorios. Si afirmamos que la inversión representa el 10% del gasto total pero los bienes se pagan o cuestan el doble, un ajuste revelaría que por influencia de precios elevados, el gasto de inversión sería menor, lo mismo que su contribución al desarrollo. Su eventual corrección liberaría fondos para otros fines o para reducir impuestos, mejorando, a la vez, la competitividad internacional.
Ahora bien, los errores se profundizan cuando gastos o inversiones de envergadura se financian, por ejemplo, apelando al crédito externo como arbitrio para hacerse de divisas escasas. El costo financiero, la incertidumbre cambiaria y los condicionamientos financieros anejos, por su parte, tienden a encarecer los precios de los servicios y bienes así financiados, cuando no a amenazar la necesaria armonía presupuestaria debido a la creciente participación de los intereses de la deuda pública. El hecho de que el año pasado los intereses hayan aumentado su participación en alrededor de un 36% debería servir de señal de alerta para reformular el enfoque, lo mismo que vencimientos por unos 14.000 millones de dólares durante 2010.
En síntesis, para emitir un juicio equilibrado, las magnitudes monetarias requieren, necesariamente, el análisis complementario de contenidos, costos y efectos de las asignaciones presupuestarias, sobre todo inversiones. De lo contrario, las ventajas del gasto público, sobre todo de inversiones, se despegarán de enfoques técnicos que ponderan las propiedades de los proyectos desde el punto de vista del desarrollo económico y del mantenimiento del equilibrio general del sistema. En este sentido, la contabilidad y la estadística desempeñan un papel importante pero auxiliar para entender el desarrollo. Como decía Pigou aquí también se impone “correr el velo .