Sudamérica se convirtió en una invalorable fuente de vinos buenos. Pero es probable que los amantes del vino tengan una idea del continente completamente distorsionada, dependiendo de qué lado del Atlántico vivan.

Para los británicos, el vino sudamericano proviene de Chile. En su mayor parte es confiable y barato, pero los vinicultores de ese país transandino están incursionando decididamente, y a veces en forma imprudente, en el segmento premium. Chile ahora puede producir no sólo buenos tintos Cabernet, Merlot y Carmenère sino también Syrah, los delicados Pinot Noir y una variedad de blancos de calidad. Pero en EE.UU., Chile es sinónimo de vino barato y, aunque los exportadores hagan un gran esfuerzo, son pocos los que buscan en los vinos chilenos algo que no sea de bajo precio.

Los estadounidenses se enamoraron del Malbec, el emblemático vino tinto argentino y el varietal que más crece en Estados Unidos. El Malbec de Argentina cuesta una fracción del precio de un Cabernet californiano de calidad comparable. Por lo tanto, en estos tiempos de presupuestos acotados, esta variedad de uva está haciendo grandes avances en el segmento de vinos con precio entre u$s 15 y 20.

Mientras tanto, el vino argentino, si bien es 100 veces mejor a lo que era hace 15 años, tiene inconvenientes para producir impacto en Europa. Estados Unidos es el principal mercado exportador de Argentina, seguido de Canadá y recién después del Reino Unido, que compite de cerca con Holanda, pese a que Wines of Argentina invirtió más en el Reino Unido que en otro lugar.

El año pasado, 35 expertos en vino y sommeliers viajaron invitados desde Gran Bretaña a Argentina, más que los que volaron desde los Estados Unidos. Sin embargo, esa gran generosidad parece no traducirse en ventas. Si bien el vino chileno representa cerca del 9% de las ventas en el Reino Unido, el tinto argentino sólo supera el 1%.

En Estados Unidos, ambos países representan cerca de 9% del vino importado por volumen de ventas, pero Argentina ya superó a Chile en términos de valor. Parte de la explicación es, se supone, que hay relativamente pocas marcas grandes de vino argentino, comparado con bodegas como Concha y Toro, Cono Sur, Isla Negra y Los Robles –todas parte del mismo gigante productor chileno y capaces de producir un verdadero impacto en las góndolas de los supermercados británicos, con botellas que cuestan entre 3.99 y 6,99 libras

Pero Argentina puede ofrecer vinos con verdadera personalidad y mejor calidad. Los importadores británicos como HispaMerchants de Shepherd’s Bush en Londres y Las Bodegas de East Sussex ofrecen un atajo para llegar a algunos deliciosos ejemplos. Entre los productores argentinos que elaboran vinos adaptados a mi gusto europeo, encontré a Catena (con sus etiquetas Argento, Taquino, Piropo y Alamos) y Fabre Montmayou con su nueva etiqueta Viñalba que apunta al mercado masivo.

Tal como dijo Hervé Fabre, que se mudó de Bordeos para fundar Fabre Montmayou a principios de los noventa: “Nuestra filosofía en la bodega es usar el Malbec tal cual está, mostrando sólo la fruta y el terroir. No estamos muy a favor de lo que podría llamarse el estilo americano de vino. preferimos usar los métodos franceses.

Es posible que para muchos paladares europeos, los tintos más maduros, dulces y fuertes quizás sean demasiado, mientras que para los paladares más acostumbrados a los tintos de California, están bien. Dicho eso, me gustaría un pedido especial para el exquisito y bien estructurado Carbernet Souvignon argentino, que corre peligro de ser ignorado en la actual manía por el Malbec –al revés de lo que sucedió en los ochenta, cuando se perdió el interés por el autóctono Malbec y creció el Cabernet importado que se consideraba tan exóticamente francés y elegante. Los agricultores argentinos destrozaron el 80% de todas las plantaciones de Malbec entre los sesenta y los noventa, por lo que aún hoy la superficie total de los viñedos en ese país plantada con Malbec no es muy superior a la dedicada al Bonarda, una variedad bastante menos noble.

Mejoró muchísimo la elaboración de vino blanco en Argentina pero hoy, salvo la uva Torrontés y algunas Chardonnay exitosas de las zonas más altas de Mendoza, este es un país de vino tinto que peligrosamente dependiente de una variedad de uva y de una inmensa región vitivinícola, la provincia de Mendoza.

No puede decirse lo mismo del tan diversificado Chile, y quizás lo más emocionante en ese país sea la rapidez con la que evolucionó su sector vitivinícola, con cada vez más variedades de uva y el constante surgimiento de regiones nuevas y más frescas para el cultivo de uva.

Pero Chile y Argentina a principios del mes pasado organizaron la degustación anual de sus vinos en Londres. Quienes participamos pudimos saborear probablemente las mejores selecciones de vinos fuera de sus países de elaboración.