Pablo La Gattina, Mercedes Ceciaga y Facundo Spataro son diseñadores industriales de la Universidad de Buenos Aires y se conocieron en la Facultad. Juntos armaron Zumdisegno, que nació como una empresa de gráfica corporativa y, con el tiempo, dio un giro singular, ya que también pasó a diseñar muebles, objetos gourmet y, ahora, cabinas de ascensores que luego se exportan a Brasil. La firma facturará unos 380.000 pesos este año.
En mayo de 2002, esta compañía fue contratada por Soimet, una empresa argentina recientemente adquirida por Witur (multinacional alemana que ocupa el top five a nivel mundial en producción de ascensores), para hacer diseños de planos en tres dimensiones y animaciones.
El vínculo comenzó así, pero Soimet les terminó pidiendo diseños para sus ascensores. Aunque esto no estaba en sus planes, aceptaron el desafío. El problema fue que la empresa de elevadores frenó el proyecto y recién volvió a reactivarlo en mayo de este año.
“Rediagramamos y planificamos juntos sobre el desarrollo de tres líneas de ascensores, para tres públicos distintos , agrega el emprendedor. Una se llama aero, con volúmenes más blandos y curvaturas; otra es classic, más conservadora, y la tercera es cubo, con un toque moderno.
En concreto, lo que se diseñan son los pisos, techos, paredes, texturas, luminarias y botoneras. Cada uno de esos aspectos puede tener más de una decena de variantes.
“Un ascensor, desde el piso hasta el techo, tiene unos 7.000 componentes , asegura La Gattina.
Sello argentino
Actualmente, Zumdisegno envía los planos de la cabina entera (no la parte puramente mecánica, aunque el diseño debe interactuar con este aspecto) a Soimet, que está fabricando entre 30 y 40 ascensores mensuales con estos parámetros, de los cuales el 70% se exportan a Brasil y Chile.
Lo curioso del caso es que, en general, esta clase de multinacionales operan con modelos de la casa matriz y no con diseños locales, una costumbre que Zumdisegno parece haber quebrado.