Tato Bores, inefable monologuista dominical, ejemplificó la superficialidad con la cual, durante la presidencia de Arturo Humberto Illia, se discutía la cuestión de los latifundios, afirmando textualmente: “Con respecto al tema de los latifundios, yo haría 2 cosas: la primera, a cada argentino le daría un latifundio; la segunda, agarraría un diccionario, para ver qué quiere decir la palabra latifundio .
Si Tato viviera hoy, podría hacer lo mismo con respecto al ingreso de la Argentina al ALCA. La enorme mayoría de quienes se pronuncian, tanto a favor como en contra, sobre el ALCA, no saben de qué están hablando, y ni siquiera saben lo que significa la sigla (¿usted sí?).
En las líneas que siguen planteo 3 cuestiones referidas a la cuestión del ALCA, que permitirán avanzar en el entendimiento de la cuestión.
Primera: ¿es el ALCA un documento escrito y de texto definitivo, al cual los países se adhieren o no, o estamos delante de un block de papel en blanco y un proceso de negociación? Inglaterra participó de las negociaciones que dieron por resultado el Tratado de Roma, que en 1957 creó el Mercado Común Europeo, pero inicialmente no formó parte de él (los socios originales fueron Alemania, Francia, Italia, Holanda, Bélgica y Luxemburgo). Inglaterra ingresó después que Charles De Gaulle dejó la presidencia de Francia. ¿Por qué la Argentina no integra la negociación del ALCA, y en el momento de firmar ve si le conviene ingresar o no?
Segunda: ¿el ALCA se refiere exclusivamente a la política comercial, o incluye otras porciones de las políticas económicas de los países? A comienzos de la década de 1960 la protección era básicamente arancelaria (los aranceles de importación, luego de la reforma de fines de 1958, eran de 0%, 20%, 40% y 300%; los 3 primeros para los productos que no se fabricaban, el último para los que sí se elaboraban en el país). En ese momento la UIA estaba por el tipo de cambio bajo, peleada con la Sociedad Rural, que estaba por el tipo de cambio alto.
Hoy ambas instituciones están a los besitos porque las 2 están por el tipo de cambio alto. La UIA cambió de posición porque hoy la protección es cambiaria, no arancelaria (lo que descolocó a la producción local, frente a la extranjera, durante la época de Martínez de Hoz, no fue la apertura indiscriminada, sino la reevaluación cambiaria). ¿Quién puede creer que la vida y la muerte de las empresas radicadas en la Argentina, Chile, Canadá o Estados Unidos, depende hoy de los derechos de importación?
¿Qué va a ocurrir con el resto de la política económica? A pesar de la globalización, las políticas económicas siguen siendo nacionales. Los argentinos le reclamamos a Estados Unidos por los subsidios agrícolas, y ellos a nosotros por el pago de regalías por derechos de propiedad intelectual o científica. ¿Esto se negociará en el ALCA o no?
Tercera: como todo en la vida, ingresar al ALCA genera ganadores y perdedores. Y no ingresar al ALCA también genera ganadores y perdedores. ¡Y todos somos argentinos!, así que la argumentación en base a lo que le conviene al país, esconde el conflicto propio de cualquier medida no neutral. Como no es neutral la devaluación, la política de tarifas de servicios privatizados o concesionados durante la década de 1990, etc.
La respuesta a cada uno de estos interrogantes tiene que estar en manos de expertos, es decir, de personas que están más al pie del cañón que yo en materia de política comercial internacional.
Mientras se dilucidan estos interrogantes, corresponde hacer un punto adicional, que me parece absolutamente fundamental. Que más allá del Mercosur, del ALCA, del Nafta, etcétera, hay una realidad suprema, cual es que desde el punto de vista económico no vivimos más en una ciudad, una provincia, o un país, sino en el mundo. Así que mientras deshojamos la margarita, ALCA sí, ALCA no, no tenemos más remedio que decir mundo sí.
La globalización es en serio, y la globalización es un proceso que deriva de la reducción sistemática y significativa de los costos de transporte y comunicación. Contra lo que dice la fantasía, este proceso no lo diseñó nadie, no lo maneja nadie, y no sabemos bien a dónde va. Lo cual no quiere decir que nos plantee incesantemente desafíos y oportunidades.
Moraleja: no nos agotemos en el ALCA, porque el verdadero partido es hoy planetario. Si no miramos a todo el mundo, incluyendo China, India, etcétera, un día se nos va a caer un piano en la cabeza y no vamos a saber de dónde provino; al tiempo que desperdiciaremos oportunidades por falta de imaginación. El mundo no es ni como creemos que es, ni como nos gustaría que fuera. Es como es, y así hay que tomarlo y actuar en consecuencia.
¡Animo!