

Desde sus orígenes en Croacia como protectora de la garganta y el pecho durante la batalla hasta su presente global como accesorio de arte decorativo individual, la corbata ha evolucionado hasta convertirse en un signo de identificación o de pertenencia a cierto ámbito social o laboral.
Con el auspicio de la Embajada de Italia en la Argentina, el Istituto Italiano di Cultura y la Associazione Culturale Colosseum, el Museo Nacional de Arte Decorativo presenta un singular recorrido por la historia de la corbata que incluye la exhibición de 140 modelos, de 1940 a la actualidad, así como versiones realizadas para ocasiones especiales (como los Juegos Olímpicos de Beijing 2008). Además, se exponen 10 corbatas de época, 10 trajes masculinos de confección y 15 paneles fotográficos que retratan a personajes emblemáticos como Katherine Hepburn, el Príncipe Carlos, Oscar Wilde, Paul Newman, George Clooney, Salvador Dalí o Marcelo Mastroianni, cada uno luciendo un modelo de corbata.
Según relata Alberto Belucci (director del Museo Nacional Arte Decorativo), este recorrido ilustrado por la historia, el arte y la moda de la corbata traslada “desde los antecedentes más antiguos, como fueron las tiras de género anudada al cuello de las huestes imperiales de Huang-ti y Trajano, hasta las esbeltas creaciones de los diseñadores contemporáneos de mayor prestigio. La trayectoria artística y geográfica de la corbata es apabullante. Sabemos que el nombre le vino dado por el pañuelo anudado al cuello y dos extremos libres y en punta, que usaban los soldados croatas (hrvat) que pasaron por París de vuelta de la Guerra de los Treinta Años. Sabemos también que, apenas bautizada por los franceses, la moda de la corbata crece, se expande y se diversifica por Europa. La vemos florecer en las espumas del jabot barroco y volverse coloratura en las puntillas del rococó francés, adelgazarse y aquietarse al cruzar el canal de La Mancha; rebelde, en cambio, se agiganta y agita sus moños en la desmesura de los románticos para terminar aterrizando, pulcra y obediente, en la elegancia eduardiana que cierra el siglo XIX y abre el XX.
Pero recién hacia 1880 la corbata deja de ser una voluminosa faja cilíndrica, blanca o negra, que rodea el cuello y se ata al frente con nudo mariposa (coronado con broche o alfiler), para tomar la forma afinada y vertical que hoy conocemos, y que se denominó régate. A partir de allí se multiplicarán los modos de anudar y portar corbata. Si hacia 1824 Honoré de Balzac informaba que había 22 posibilidades diferentes para los nudos de su tiempo, hacia 1900 se registran alrededor de 80, desde los lazos más simples (el sencillo y el four-in-hand, por ejemplo) hasta los más abultados y complejos (Windsor completo).
En la adopción de las corbatas verticales finiseculares, cruzadas de coloridas franjas diagonales, tuvieron mucho que ver los colegios y clubes ingleses que las adoptaron para sus miembros, convirtiéndolas en signo de identificación y pertenencia. Y son ésos los años en que la corbata se va globalizando en la moda de Occidente y en las culturas urbanas de América y Australia. Al mismo tiempo los artesanos e industriales italianos se centraban en las tecnologías de la seda y el jacquard y en el cuidado de la factura, al punto de crear sistemas especiales de corte y de forrado interior de las corbatas, pero también de proponer imaginativas combinaciones formales y cromáticas, a tono con la elegancia distintiva del diseño italiano del siglo XX .
En 1924 el diseñador textil Jesse Langsdorf patenta la forma de corte de la corbata actual, en base a la costura de tres trozos y al aprovechamiento máximo de la tela. Sobre ese modelo, de aceptación y difusión inmediatas, la imaginación de los diseñadores fue introduciendo distintas variantes y opciones de uso, con lo que la corbata se convirtió en soporte de sucesivas estéticas visuales y testimonio del gusto colectivo. En general, los diseños pasaron del énfasis geométrico de las primeras décadas al exotismo formal de los años veinte, de los colores saturados de los ‘30 a la preferencia por las diagonales anchas de los ‘50, de las flores de los ‘60 a la delgadez de las corbatas-tira de los ‘70, y de los motivos búlgaros de los ‘80 y el amarillo característico de los ‘90 al satinado liso monocromo (generalmente azul o celeste) habitual en nuestros días.
La corbata es eje del pecho y pedestal del rostro, registro del ámbito laboral y social –y acaso también del carácter y el espíritu- de quien la exhibe. En ella se concentra la densidad subjetiva de la vestimenta masculina y con razón se dice que su paño es una lengua que comunica. Es que a medida que el viejo focale, nacido para proteger la garganta y el pecho, dejó de ser delgada bufanda, amplia servilleta y ocasional pañuelo, dejó de lado su utilidad funcional. Y fue convirtiéndose, en cambio, en un elemento de arte decorativo individual, cotidiano y portátil, que en la brevedad de su materia y en la levedad de su consistencia nos revela simultáneamente la identidad pública y la intimidad estética de sus portadores.
De allí que Oscar Wilde llegara a afirmar que una corbata bien anudada es el primer paso verdaderamente serio en la vida de un hombre .
Brújula: Hasta el domingo 18 de abril de 2010. Museo Nacional de Arte Decorativo (Av. del Libertador 1902).










