“El desempleo en España es de 27%. Los jóvenes se están yendo de Portugal e Irlanda. Uno de cada cuatro griegos dice que no tiene suficiente para comer”, es el epígrafe del artículo del Wall Street Journal publicado hoy que compara la crisis europea con la Argentina en la despedida de la década del ‘90.

La nota realizada por Thomas Catan y Marcus Walker dispara una pregunta básica: “¿Existe un punto de quiebre en que los europeos digan ‘¡basta!‘?”.

Sin lugar a dudas, los europeos han protestado por las medidas de austeridad. Pero a pesar de algunos sustos, ningún país abandonó el bloque económico. “El apoyo a permanecer dentro de la zona euro sigue siendo alto. Más de 60% de los españoles, griegos, italianos y franceses quieren conservar el euro, según una encuesta publicada este mes por el Pew Research Center”, indican.

“La paciencia de los europeos es grande, pero definitivamente tiene un límite”, subraya el artículo.

Eso ya pasó antes. Al igual que los países que se incorporaron a la zona euro, “rgentina renunció en los años 90 al control sobre su propia moneda, fijándola 1-a-1 con el dólar”, arremete del Wall Street Journal. Y agrega: “eso frenó la hiperinflación, pero también dio lugar a un exceso de deuda en dólares que hizo subir los salarios y los costos para las empresas. Igual que el sur de Europa hoy, Argentina perdió notablemente su competitividad y el peso no podía caer para incrementar el atractivo de sus bienes en el extranjero”.

‘La devaluación no es una opción en Argentina‘, dijo un economista del Banco Mundial en aquel entonces. ‘Con un nivel tan alto de dolarización, una devaluación sería demasiado costosa‘.

El periódico extranjero indicó que “técnicamente, Argentina contaba con su propia moneda a la que volver, pero abandonar la paridad con el dólar era visto como un proyecto imposible debido a que la mayoría de las deudas y contratos empresariales estaban en dólares. Después de tres años de recesión, parece que los argentinos decidieron en masa que lo siguiente que se les viniera encima no podría ser peor que la depresión interminable necesaria para que sus pesos pudieran seguir siendo intercambiables por dólares”.

En un austero raconto de situación, el artículo indicó que “en una húmeda noche en diciembre de 2001, la clase media tomó las calles de Buenos Aires en una explosión de furia. Los disturbios arrasaron el país y expulsaron al gobierno del poder. Argentina se declaró en cesación de pagos poco después y abandonó la paridad del peso y el dólar”.

“¿Cuán similar es la situación del sur de Europa hoy en día?”, se preguntaron los periodistas que elaboraron la nota.

“Las autoridades que se consuelan con la aparente popularidad del euro deberían tener en cuenta que los argentinos también apoyaron ampliamente la paridad del peso y el dólar. En una encuesta publicada en diciembre de 2001, el mismo mes en que los argentinos se alzaron en protesta, apenas 14% dijo que el régimen de divisas tendría que eliminarse; 62% quería conservarlo. Es prácticamente la misma proporción de españoles y griegos que quieren seguir con el euro”, concluyen los periodistas que elaboraron la nota.