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La geografía del dinero global está en pleno cambio. En un mundo atravesado por guerras, tensiones entre potencias y fragmentación política, los grandes patrimonios ya no solo diversifican en acciones, bonos o monedas, sino que también diversifican pasaportes, residencias y centros de vida familiar.

El dato empieza a tomar dimensión global. Según el Billionaire Ambitions Report 2025, el 36% de los multimillonarios del mundo ya se relocalizó al menos una vez y otro 9% evalúa hacerlo en el corto o mediano plazo.

Detrás del fenómeno aparece una nueva lógica de preservación patrimonial donde la estabilidad institucional pesa tanto como los retornos financieros.

“La motivación dominante hace una década era fiscal. Hoy lo geopolítico pasó al frente”, explicó Iván Scherman, CEO y CIO de SciTech Investments, en diálogo con El Cronista sobre el nuevo mapa global del capital.

Según Scherman, el deterioro del orden multilateral y la creciente competencia entre Estados Unidos y China empezaron a alterar incluso las decisiones personales de los ultra ricos. A eso se suman los conflictos en Europa del Este y Medio Oriente, que aceleraron la búsqueda de jurisdicciones consideradas “neutrales”, previsibles y alejadas de zonas de tensión.

“El capital sofisticado ya no busca solo eficiencia impositiva. Busca estabilidad jurídica, previsibilidad regulatoria y seguridad para el patrimonio familiar”, sostuvo.

Dubái, Singapur y Suiza: el nuevo triángulo del dinero global

La competencia entre países por captar grandes fortunas se volvió una verdadera industria. Ya no alcanza con ofrecer baja carga tributaria. Los gobiernos ahora diseñan regímenes especiales para family offices, visas para inversores y marcos regulatorios específicos para atraer capital de largo plazo.

En ese tablero, Dubái emerge como el gran ganador.

Según Scherman, los Emiratos Árabes Unidos lograron combinar tres factores clave: cero impuesto a la renta personal, infraestructura financiera de primer nivel y una postura geopolítica relativamente neutral. El resultado es una ola de llegada de patrimonios desde Europa, Asia y América Latina.

“Desde nuestra oficina en Dubái vemos una demanda creciente por estrategias algorítmicas y retornos sistemáticos con bajo riesgo sistémico. Eso muestra que el capital que llega es sofisticado y busca consistencia, no especulación táctica”, señaló el reconocido estratega.

El fenómeno no se limita a Medio Oriente. Singapur mantiene su rol como hub financiero asiático, mientras Suiza volvió a ganar atractivo por estabilidad institucional y seguridad jurídica.

También aparecen nuevos jugadores que intentan capturar parte de esos flujos: Portugal, Italia, Grecia e incluso Uruguay y Paraguay en América Latina.

Argentina: dejó de expulsar el capital, pero todavía no logra atraer

En ese contexto, Argentina atraviesa una zona gris. Durante años el país fue uno de los grandes exportadores de capitales del mundo emergente. La acumulación de activos de argentinos en el exterior se volvió estructural tras décadas de crisis cambiarias, defaults e inestabilidad macroeconómica.

Ahora el escenario empezó a cambiar parcialmente. La desaceleración inflacionaria, el ajuste fiscal y el blanqueo generaron algunos movimientos de repatriación de capital. Pero el mercado todavía duda de la sostenibilidad política del nuevo esquema.

Argentina dejó de ser activamente expulsora, pero todavía no se convirtió en receptora competitiva”, resumió Scherman.

El problema, según el estratega, es que los grandes patrimonios toman decisiones a 15 o 20 años y no basándose en ciclo presidencial. Por eso todavía persisten dudas sobre la consolidación de reformas estructurales vinculadas al sistema tributario, laboral y previsional.

En otras palabras: el mercado empieza a reconocer un cambio de dirección, pero todavía no le asigna irreversibilidad.

Cripto y el fin de las fronteras financieras

Otro factor que aceleró este fenómeno es el avance del ecosistema cripto.

Para Scherman, Bitcoin y los activos digitales no crearon la movilidad global del capital, pero sí redujeron drásticamente la fricción para mover patrimonio entre jurisdicciones.

“Antes mover capital requería estructuras bancarias complejas, abogados y semanas de ejecución. Hoy una parte del patrimonio puede moverse en minutos y con costos marginales muy bajos”, explicó.

Eso produjo un cambio importante: la portabilidad financiera dejó de ser exclusiva de los ultra ricos y empezó a extenderse hacia patrimonios medios-altos que antes estaban “geográficamente cautivos”.

De todos modos, Scherman aclaró que en las grandes fortunas cripto todavía funciona más como instrumento operativo y de diversificación que como vehículo patrimonial principal.

El próximo capítulo dependerá de la regulación. Si Estados Unidos, Europa y Asia avanzan hacia marcos compatibles y más institucionales, las criptomonedas podrían integrarse definitivamente al sistema financiero global. Pero si la regulación se fragmenta demasiado entre países, el efecto podría ser el inverso: más barreras y menos fluidez para el movimiento internacional de capitales.

Detrás de esa discusión aparece un cambio más profundo. En la nueva economía global, la competencia ya no es solo por atraer inversiones. Es por atraer directamente a quienes controlan el capital.