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El mercado cambiario global empieza a dejar atrás la reacción inicial a la escalada en Medio Oriente y entra en una segunda fase donde pesan los fundamentos.
En ese contexto, Goldman Sachs advierte que el shock energético todavía no fue “plenamente absorbido” y que sus efectos macro, es decir, sobre inflación, cuentas externas y crecimiento, podrían sostener la fortaleza del dólar en el corto plazo, al tiempo que obligan a diferenciar con mayor precisión entre monedas emergentes.
La suba estuvo explicada en gran medida por un reacomodamiento de posiciones, tras semanas de presión sobre las monedas emergentes, y por la reacción más intensa de aquellas divisas con mayor sensibilidad al clima global, “que amplifican los movimientos en escenarios de mejora del apetito por riesgo”.
Sin embargo, el banco advierte que este tipo de rebotes suele ser transitorio: “Una vez digerido el impacto inicial, el mercado vuelve a discriminar en función de los fundamentos, especialmente los términos de intercambio y la exposición de cada economía al precio de la energía".
En ese sentido, el informe marca una clara divergencia dentro del universo emergente. “Las monedas de países exportadores de commodities, como Brasil o México, aparecen mejor posicionadas en un escenario de precios energéticos elevados, mientras que aquellas economías más dependientes de importaciones de energía enfrentan un deterioro en sus cuentas externas que podría traducirse en mayor presión cambiaria”.
La clave, según Goldman, es que el flujo energético aún no se normalizó completamente, lo que reduce la probabilidad de una reversión rápida en los precios del petróleo y prolonga el impacto sobre las divisas.
Dentro de ese mapa, el peso argentino queda al margen de la dinámica global y aparece condicionado casi exclusivamente por factores domésticos.
¿Qué pasará con el peso?
Goldman proyecta un sendero de depreciación sostenida para el tipo de cambio oficial, con una paridad que pasaría de niveles actuales en torno a $ 1380 a $ 1630 en tres meses y cerca de $ 1870 en un horizonte de doce meses (más de 30%), lo que implica una corrección acumulada significativa en un contexto donde la estabilidad cambiaria sigue sin consolidarse.
La lectura implícita es que, a diferencia de otras monedas emergentes cuyo desempeño estará atado al ciclo global y a la evolución del precio del petróleo, el peso argentino responde a su propia lógica macro, marcada por la dinámica inflacionaria, la necesidad de acumulación de reservas y la sostenibilidad del actual esquema cambiario.
En ese marco, incluso un contexto internacional más favorable podría tener un impacto limitado si no se consolida una mejora en los fundamentos locales, lo que refuerza la idea de que el frente cambiario seguirá siendo uno de los principales focos de atención para el mercado en los próximos meses.
Juan Ignacio Alra, portfolio manager de One618, dijo a El Cronista que, de cara a mediados de año, el tipo de cambio presenta un sesgo bajista, explicado principalmente por la estacionalidad de la oferta de divisas.
Según detalló, la liquidación de la cosecha gruesa tiende a incrementar el flujo de dólares en el mercado, lo que genera presión apreciatoria en el corto plazo, a lo que pueden sumarse otros factores financieros que refuercen esa dinámica.
Sin embargo, el especialista advirtió que este comportamiento no necesariamente se sostiene hacia el segundo semestre, “cuando suelen intensificarse las presiones por el lado de la demanda. En ese tramo del año, factores como ”la dolarización de carteras y eventos extraordinarios pueden introducir volatilidad y reactivar la presión alcista sobre el tipo de cambio”, advirtió.
Esta lectura de corto plazo, más vinculada a la dinámica de flujos, convive con una visión más estructural como la de Goldman Sachs, que proyecta un sendero de depreciación sostenida para el peso en los próximos meses.
En ese sentido, el contraste entre ambas miradas no es tanto de dirección sino de timing, pues mientras el ingreso de divisas del agro podría ofrecer un alivio transitorio, el banco de inversión advierte que la corrección cambiaria seguiría en ausencia de una mejora de fondo en los equilibrios macroeconómicos.
Lautaro Ronchi, líder de estrategias de la corredora SV Matesur, señaló que la liquidación del agro todavía es incipiente, “especialmente en soja, donde la cosecha recién comienza”. Además, advirtió que las lluvias intermitentes podrían generar un ritmo irregular, con avances y pausas sucesivas en la recolección.
En ese contexto, explicó que suele anticiparse un comportamiento típico del mercado: “Muchos jugadores salen a vender antes de la liquidación fuerte, apostando a una baja posterior del tipo de cambio para cerrar el trade”.
Con este telón de fondo, Ronchi consideró que en los próximos días el mercado cambiario debería mantenerse estable, dado el aumento esperado en la oferta de divisas. A la vez, proyectó que el Banco Central podría aprovechar ese flujo para comprar volúmenes relevantes, “probablemente mediante operaciones en bloque y por fuera del mercado”.
Por último, Nau Bernués, asesor financiero y CEO de Quaestus, comentó que el dólar a nivel global, medido por el índice DXY, volvió a retroceder tras el cimbronazo inicial generado por el conflicto en Medio Oriente.
“Esa dinámica se refleja no solo en el peso argentino, sino también en el resto de las monedas de la región, que muestran una tendencia similar de apreciación frente al billete estadounidense”, dijo.
En ese contexto, explicó que el real brasileño perforó el nivel de 5 por dólar, algo que no ocurría desde hace varios años, con lo que se refuerza la idea de que no se trata de un fenómeno aislado de la Argentina, “sino de un movimiento más amplio vinculado al debilitamiento global del dólar y a una mejora en el apetito por riesgo hacia emergentes”.
A este escenario externo se le suman factores locales que amplifican la oferta de divisas. “La liquidación de la cosecha, junto con el ingreso de flujos vinculados a sectores como energía, minería, ganadería y economías regionales, configura un panorama en el que la disponibilidad de dólares tiende a incrementarse en el corto plazo. Bajo esta dinámica, el mercado descuenta que, al menos en esta etapa del año, la oferta de divisas será suficiente para sostener cierta estabilidad cambiaria”, concluyó Bernués.