La Reserva Federal de Estados Unidos no considera que las cosas estén tan mal como temen los inversores. Y tampoco hizo lo que algunos de esos inversores esperaban que hiciera. En lugar de decidir lanzar otro programa de emisión de dólares para comprar títulos la que ya era llamada QE3, ayer la Fed simplemente acordó extender la denominada Operación Twist, que implica la venta de bonos con vencimiento a corto plazo para comprar otros con vencimiento a más largo plazo.
Esta falta de acción decisiva por parte del banco central estadounidense hace que ahora los inversores esperen que la intervención capaz de impulsar el precio de las acciones venga del otro lado del Atlántico.
En el juego de póker con altas apuestas que están jugando los países de la periferia de la eurozona, Alemania y el Banco Central Europeo no hay ganadores, sólo perdedores. Sin embargo, los inversores cada vez confían más en que en la cumbre de la semana próxima habrá acción.
Sospecho que los inversores, como de costumbre, conseguirán menos de lo que esperan de Europa. Esto abriría camino a otra corrida vendedora posterior a una cumbre. Pero, aunque los debates en los pasillos del poder siempre resultan fascinantes para los inversores, la economía real también importa. Y lo que se ve es bastante sombrío.
El resultado es que crecen las advertencias con respecto a las ganancias: Procter & Gamble fue la última empresa en bajar su perspectiva. Globalmente, las ganancias operativas están ahora más bajas que hace un año, como señaló Andrew Lapthorne, analista de Société Générale.
El ciclo global de ganancias parece una versión acelerada de lo que ocurrió en 2008: las ganancias operativas están cayendo a una tasa anual de 5%, que es la misma tasa de la semana en que se produjo la quiebra del Lehman Brothers. Sin embargo, esto es una simple coincidencia, ya que la caída también se parece a la del principio de la declinación en las ganancias de 2001 ó 1991, cuando las recesiones deterioraron marcadamente las utilidades en el mundo.
Los analistas parecen estar de acuerdo. Tras haberse inclinado brevemente por mostrar un sesgo positivo, otra vez están reduciendo los pronósticos de ganancias con mucha más frecuencia. Tanto en 2009 como en el último otoño boreal, el hecho de que se hicieran más espaciadas las reducciones en los pronósticos de ganancias, fue la señal de que las acciones habían tocado fondo. Lamentablemente, no hay indicios de que esto esté por suceder aún.
Tal vez los funcionarios que deciden la política monetaria decidan ayudar. Después de todo, en 1998 la Reserva Federal detuvo una incipiente caída en las ganancias corporativas reduciendo las tasas de interés. Claro que uno de los efectos laterales fue que ayudó a inflar la burbuja de las puntocom.
Esta vez hay menos burbujas de qué preocuparse. Excepto, quizás, precisamente en los bonos refugio que la Fed planea comprar.
