La semana pasada fue difícil para los que invierten en metales preciosos, pero pocos sintieron tanto dolor como los buzos del Odyssey Marine, la compañía cazatesoros norteamericana. Después de la euforia por el descubrimiento de un barco hundido frente a las costas de Irlanda con 7 millones de onzas de plata abordo, el valor del botín se redujo en u$s 28 millones en menos de una hora.
En cuanto a los metales considerados depósito de valor, inmunes a los caprichos de los gobiernos y sus máquinas de imprimir dinero, el oro y la plata han sido una decepción. Los precios venían en baja desde que el metal amarillo tocó su máximo de u$s 1.920 la onza troy hace tres semanas. Pero el leve retroceso se convirtió en un derrumbe hace cerca de diez días, y ambos metales se cayeron del acantilado el lunes de la semana pasada, cuando llegó a un piso de u$s 1.534 la onza, un descenso de 20% con respecto a su pico. La plata perdió 41% de su valor desde su pico de agosto.
Lo mismo sucedió en 2008, después de que Lehman Brothers quebró. En un primer momento el precio del oro registró alzas. Pero cuando el mercado de valores inició su serio derrumbe dos semanas después, el metal amarillo se comportó como todos los activos riesgosos.
La caída del precio del oro y el fuerte rebote cuando se recuperó parcialmente la semana pasada, colocaron la volatilidad del metal en su nivel más alto desde 2008.
La posibilidad de fuertes fluctuaciones en los precios podría detener a los inversores que buscan seguridad, el principal gancho de venta que tiene el oro.
Hay dos grandes preguntas para los inversores. ¿La reciente caída marca el fin del refugio seguro que ofrece el metal y el comienzo del fin de un mercado alcista que llevaba una década? Si no es el fin, ¿cuánto tiempo tardarán los precios en recuperarse?
Para ambas preguntas, hay buenas razones para ser optimistas con el oro y para preocuparse por el mundo. Para los inversores, el oro es simplemente una alternativa al papel moneda. Y en este momento, hay demanda de alternativas a los billetes.
El alza del precio del metal amarillo de los últimos años, y en particular en estos últimos meses, reflejó la menor confianza en la capacidad de los gobiernos de controlar la emisión de dinero.
Después de meses de malas noticias económicas y políticas en Europa y Estados Unidos, hubo unos pocos comentarios mejores que pudieron disminuir la necesidad a corto plazo de una alternativa al euro o al dólar.
Si estos últimos días han sido simplemente una interrupción de la prolongada trayectoria alcista del oro, ¿volverá pronto a sus anteriores niveles máximos? Podría no llevar demasiado tiempo. La semana pasada se recuperó, aunque en ésta volvió a registrar caídas.
El alza se debió en parte a las ventajas que ofrecen los menores precios: los inversores con dinero disponible pudieron volver al mercado y aprovechar para comprar monedas y lingotes más baratos.
El surgimiento de cazadores de gangas a esta escala demuestra que pocos creen en un descenso. Pero eso no garantiza un rápido rebote.
En 2006 el oro perdió una cuarta parte de su valor, mientras que en 2008, después de varias falsas recuperaciones, retrocedió cerca de 30%. En ambos casos, llevó unos 18 meses regresar a sus anterior punto máximo.
