Las catástrofes gatillan la demanda de coberturas de Responsabilidad Civil (RC) en la Argentina. Sucedió así con los derrumbes de Villa Urquiza o la calle Bartolomé Mitre y con el tornado de principios de marzo. Aunque, en los últimos tiempos, se le sumó otro factor: el incremento de la litigiosidad.
Conocidas popularmente como seguros contra terceros, esas pólizas son autónomas, con planes propios y concatenados a otros riesgos. Salvo algunas actividades (por ejemplo, demoliciones o compañías de seguridad) no son obligatorias, recuerda Leandro Canosa, gerente del Canal Productores de Gaman Argentina. Tal vez por ello muchas empresas y comercios no las contratan. Sin olvidar que la prevención no es una característica de los argentinos.
Sin embargo, la cobertura sirve para toda persona que ejecute un hecho y por su negligencia ocasione un daño a otra. Entre sus destinatarios entra también quien diseñe, construya, manufacture, instale, venda o arregle algo que dañe a un tercero, para los cuales, los artículos 1109 y 1136 del Código Civil, estipulan que debe resarcirse al damnificado. Por ejemplo, en el caso mencionado del derrumbe ocurrido en Bartolomé Mitre al 1200, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires exige para la demolición una cobertura de RC, con un monto mínimo de $ 3 millones. El objetivo: cubrir los daños a propiedades linderas. Para los casos de carteles y letreros de comercios, esa suma es de $ 180.000.
Hoy por hoy, cuatro productos se imponen en el mercado local de RC. Ellos son el seguro comprensivo, de empleadores, de directores y gerentes (D&O, por sus siglas en inglés), y el profesional.
En general, la demanda 'se activa' ante accidentes o eventos naturales. Los especialistas aseguran que, entonces, es común que una industria o un comercio muestre interés en adquirir o ampliar su cobertura. Es entonces cuando las consultas aumentan hasta un 35%. Sin embargo, de 10 interesados sólo cuatro terminan cerrando la operación.
Existe un punto interesante en este tema. Muchas veces se desconoce que estas pólizas protegen el patrimonio de las eventualidades de la vida capaces de generar una deuda con otro. Es una especie de ahorro que el asegurado realiza ante la posibilidad de que suceda una contingencia, destaca Carlos Estebenet, socio director de Bullo, Tassi, Estebenet, Lipera, Torassa Abogados y profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad Católica Argentina (UCA).
Aún así, el grado de desconocimiento es elevado entre las personas. Por ejemplo, que existe una cobertura de responsabilidad civil en algunos combinados familiares. Se aplica a acontecimientos de la vida privada como un accidente en el hogar, dice Estebenet.
Cuatro pilares
Entre las cuatro modalidades de seguro mencionadas, el más difundido es el comprensivo. Cubre la responsabilidad emergente de una amplia gama de actividades comerciales (negocios minoristas o mayoristas, supermercados, shoppings, galerías, entre otros). Luego, se encuentran las relacionadas con productos, obras, profesionales y espectadores.
La cobertura más amplia es la del seguro de RC Comprensivo. Fue el primero de este tipo de productos que se comercializó en el país. Se lo puede sumar adicionales según la actividad del tomador, explica Matías Decicilia, jefe de Departamento de Federación Patronal. Desde el otro lado de la industria, los principales demandantes son los operadores de sustancias peligrosas. Pero, en los últimos tiempos, se la extendió también a bienes.
En un comienzo, se la aplicó a las exportaciones de bienes; sobre todo, a los Estados Unidos y Europa. Luego se la amplió al mercado doméstico. Esta última corriente sigue aún sostenida, indica Hernán Cantillo, profesor de la Especialización de Seguros de la Universidad de El Salvador (USAL).
Según los expertos, el auge de productos de RC comenzó en 2004. Su principal impulsor fue el rubro alimenticio, incluido vinos, cuyas empresas lograron proterse así contra los efectos de una mala ingesta por parte de un consumidor. Lo más interesante es que este seguro cubre toda la cadena de comercialización del bien. Están protegidos desde el fabricante hasta el último vendedor, enfatiza el ejecutivo de Federación Patronal.
Con posterioridad, se aplicó esa cobertura a los aparatos electrónicos y electromédicos. Sucedió lo mismo con las autopartes y los medicamentos.
Los comerciantes compran productos de Responsabilidad Civil por medio de los integrales de comercio, que se componen también de incendio, robo entre otros eventos, comenta Canosa, de Gaman.
Asimismo, se adquieren hoy muchas pólizas de responsabilidad civil para contar con un adecuado control sobre sus contratistas y proveedores. En cierta forma, esta modalidad fue impulsada por las petroleras. Incluso, contratan a firmas externas para revisar la situación del personal externo.
Hace un par de años, no se lo solicitaba tanto. Pero algunos subcontratistas trabajan sin cobertura de riesgo de trabajo o con una muy básica, sin planes de seguridad laboral o con herramientas defectuosas. Este requerimiento se observa sobre todo en la industria pesada. Esperemos que, en breve, se expanda a las pymes, subraya el profesor de la USAL.
Reclamaciones
Un dato a considerar es que el valor de estos seguros no experimentó grandes cambios entre 2010 y 2011. Se aumentó la suma mínima asegurada, producto del incremento de los montos reclamados y los costos, comenta Decicilia. Así, un quiosco mediano paga $ 600 anuales por esta póliza, y una pyme alimenticias $ 700. En ambos casos, la cobertura responde al valor mínimo asegurado.
Otra póliza que los ejecutivos consideran mucho es la RC Patronal. Desde el fallo Aquino, se abrió la posibilidad de reclamar al empleador por la vía civil. Por esta causa, se lanzaron - en enero de 2011- estas coberturas que permiten al empresario cubrirse de esos juicios", aclara Canosa.
En el caso Isacio Aquino contra Cargo Servicios Industriales, la Corte Suprema declaró inconstitucional el artículo 39 de la Ley de Riesgo de Trabajo (LRT). El máximo tribunal consideró que esa norma afectaba los derechos del trabajador a una reparación integral por la vía civil.
Cabe destacar que la responsabilidad civil empleador por accidentes del trabajo y enfermedades profesionales se aplica al personal en relación de dependencia. Cubre muerte o lesiones sufridas especificadas en el artículo 6 de la LRT (24557). Paga el exceso del monto que perciba de la ART, y los costos y gastos judiciales y extrajudiciales. Es importante recordar que la reglamentación limita la suma asegurada entre $250.000 y $1.000.000.
A la hora de contratar un póliza de Responsabilidad Civil, los consultados recomiendan tener muy presente los riesgos que presenta el comercio, la empresa o la industria a proteger. Para complementar deberá intentarse minimizar la mayor cantidad posible de esos peligros. Efectivo es, además, tratar de determinar qué riesgos se pueden transferir a una aseguradora y cuáles no. Para ello, se debería estipular también la búsqueda hasta qué monto se podría tomar una cobertura. Por último, los consultados aconsejan complementar la cobertura de Riesgo del Trabajo con una de Responsabilidad Civil de Empleador, para accidentes de trabajo y enfermedades profesionales. La ley 24557 fue concebida para evitar juicio. Por eso, si se analizan los índices actuales de litigiosidad del sector, son elevados, recalca Carlos Estebenet. Según datos de la Superintendencia de Seguros de la Nación, existían - a septiembre del 2011- 712 juicios por siniestros laborales. Por ese motivo, los pasivos por accidentes pendientes totalizaban más de $ 81 millones.
Alta litigiosidad
Una mención especial merecen las pólizas D&O. La Jurisprudencia establece que los directores y gerentes de compañías (coticen o no en la bolsa) deben responder a título personal y con su patrimonio, solidaria e ilimitadamente por los perjuicios que pudieran ocasionar a la sociedad, accionistas o a terceros. En los últimos dos años, su demanda creció alrededor de 30%, desarrollo tambiénproducto del aumento de litigiosidad que se vivió en la economía local.
En paralelo, la oferta de estas coberturas aumentó en el mercado. De esa manera, cayeron sus precios, puntualiza Cantillo. En la actualidad, lo que antes estaba reservado a las grandes corporaciones ya se expandió a las pymes, afirma Esther García Tagliaferri, manager director Regional Product Development Financial Lines de Ace Group.
Si bien los primeros seguros de D&O llegaron en 1995 a la Argentina, cuando comenzaron a demandarlas particularmente las empresas privatizadas, se detecta, desde 2005, un incremento constante de su demanda por parte de pequeñas compañías.
En gran medida, esa situación responde a que la póliza comprende lo relacionados con los costos de defensa. Incluso, algunas aseguradoras brindan una cartera de estudios jurídicos especializados. Un dato a considerar es que a los funcionarios públicos de Colombia y México se les exige también una D&O, acota la ejecutiva de ACE.
En los últimos tiempos, también aumentaron las acciones judiciales contra profesionales e instituciones, hecho que explica por qué, hoy, no sólo los médicos contratan seguros contra Mala Praxis.
En la plaza doméstica, existen dos tipos de coberturas para profesionales. Uno es de Continuidad, Base Reclamo o claims made. Desde su contratación y mientras están en vigencia, cubre los reclamos reportados y que resulten de actos desde su inicio. Otra posibilidad es el seguro de Ocurrencia. Este actúa sobre los incidentes suscitados durante el período de cobertura hasta un máximo de 10 años. En estos casos, no importa cuando se formulen esos reclamos. En principio, los médicos eran los principales demandantes de esas pólizas. Hoy, los arquitectos e ingenieros van a la cabeza, marca Esther García Tagliaferri.
Colegios profesionales
Asimismo, comenzaron a contratarlo medios de comunicación (diarios y revistas) y agencias de publicidad. Al comenzar a exportar, se sumaron productoras de televisión, desarrolladores de software, customisadores y compañías de seguridad informática. Incluso, muchos de ellos lo utilizan también para el mercado interno.
No se debe dejar de lado la participación de los colegios profesionales. Muchos contratan las pólizas para sus asociados. Obtienen así precios especiales que pueden ser hasta 20% menor al precio de plaza. Desde 2009, el desarrollo de ese segmento fue exponencial. De acuerdo a cifras extraoficiales, creció entre 35% y 40% año a año.