Allá por febrero, la presidente Cristina Fernández recomendó al agro la contratación de seguros multirriesgo. De acuerdo a su óptica, el campo lograría así la previsibilidad que tanto demanda al Gobierno. Y, además, dejaría de pedirle plata al Estado, después de cada sequía.

Con esas palabras, Cristina Kirchner revolvió el avispero. Por un lado, los dirigentes del sector pusieron el grito en el cielo. Por el otro, las aseguradoras vieron con buenos ojos la medida. Aunque existen resquemores.

Es bien sabido que, a nivel mundial, la industria va hacia las coberturas multiclimáticas en materia agraria. Pero es sabido también que son subvencionadas. Y, el ministro de Agricultura Norberto Yauhr advirtió que se viene el seguro; pero no necesariamente subsidiado. A pesar de que algunos quieran ignorarlo, las pólizas del campo vienen en aumento en los últimos cinco años. Claro está, este fenómeno no responde únicamente al boom de la soja.

La cultura aseguradora agraria fue impulsada a principios del siglo pasado por empresas que desaparecieron como La Previsión de Tres Arroyos y la Agricole Antique. Estas compañías se transformaron en otras que ya tienen casi 100 años, explica Guillermo Thomas, gerente General de La Dulce.

Para la década de los años 70, la adhesión era baja. La salida de la convertibilidad cambió el panorama. El valor a recuperar de las cosechas era elevado. Entonces, los eventos climáticos podrían generar pérdidas patrimoniales importantes. Creció así la demanda, recuerda Carlos Hoffmann, gerente de Seguros Agrarios de SanCor Seguros.

Crecimiento

Según un informe de la Superintendencia de Seguros de la Nación (SSN), la campaña 2009-2010 reportó más de $ 800 millones de primas agropecuarias. Se alcanzó así cerca de 19 millones de hectáreas cubiertas.

Este mercado es el que más se desarrolló en los última década. Se pasó de un 10% de la superficie sembrada asegurada, en 2000, a un 60% en el año 2010, señala Jorge Bloise, gerente de Riesgos Agrarios de Mapfre Argentina.

Dos factores influyeron en ese aumento. El primero fue el incremento de la producción. Luego, el hecho de que hasta el pequeño productor se organizó como una empresa. Como tal, derivó parte de sus riesgos a las compañías.

Las aseguradoras hablamos siempre del índice de frecuencia de siniestros. El promedio del sector de Patrimoniales (excluyendo Vida) ronda 8,5%. En el campo se duplica. Es de 17% cada 100 pólizas, agrega Bloise.

Hasta el momento, no se poseen cifras oficiales de la campaña 2010-2011. Se considera, sin embargo, que arrojará números menores por la sequía. A principios de año, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) proyectaba que la emergencia hídrica afectaría entre 12 y 14% de los sembradíos.

Multiriesgo

En la Argentina, se aseguran todos los cultivos. Lógicamente, el 90% de la facturación proviene de los cereales y las oleaginosas. Desde 2010, se detectó un repunte de las pólizas de cebada que se siembra en reemplazo del trigo. Se proyecta además que esta tendencia aumentaría en las próximas campañas, indica Thomas.

Con más de 100 años de existencia, las coberturas de granizo son los más demandadas. Concentran el 52,8% del total. Moviliza $ 812 millones en ventas de primas. En estos casos, los adicionales que más se solicitan son helada tardía (cosecha fina) y vientos fuertes (cosecha gruesa). En menor medida, se le agregan incendio, faltante de piso y otros excesos hídricos. Es sabido que la falta de lluvias puede afectar a vastas zonas de una nación. La cosecha 2010-2011 es un ejemplo. Gran parte del país fue arrasado por ese fenómeno como no sucedía en los últimos 70 años.

Sin embargo, las pólizas multiriesgo, que incluyen sequía, poseen una baja penetración en la actividad. A junio del 2010, alcanzaban al 3,5% del total. Además, la ofrecen sólo nueve aseguradoras.

Asimismo, el costo de esos seguros es otro de sus principales inconvenientes. Por este motivo, los expertos los califican de casi inaccesible.

Sus principales tomadores son los grandes players. Esta cobertura es demandada por productores medianos o grandes. Se destacan también los fondos de inversión pues al provenir de otro negocio buscan protegerse ante algún peligro, puntualiza Carlos Hoffmann. Estas pólizas resguardan rendimiento. Protegen aproximadamente 70% del rinde promedio.

Reaseguro

Un dato a considerar es que el seguro multiclimático se pide principalmente en las zonas marginales o extrapampeanas. Este hecho acentúa el riesgo asegurador.

Para Andrés Laurlud, representante de seguros Agrarios de Allianz, existe otro obstáculo de peso. No se cuenta con suficiente capacidad de reaseguro, remarca.

Carlos Pagliano, gerente General de Provincia Seguros, aclara que cubrir un acontecimiento catastrófico, como puede ser una sequía o una inundación, requiere la participación de muchas reaseguradoras. Esto se debe a su alto impacto.

A partir de este año, el reaseguro debe ser nacional según una normativa de la SSN. Por el momento, estas empresas no cuentan con la capacidad económica para retener estos casos. Por ende, se deberá retroceder a las internacionales que no llegan a 10. Además, ellas buscan, ante todo, dispersar riesgos, añade Laurlund.

Por otra parte, estas pólizas se desarrollaron en los países donde se subsidian las primas. España, Estados Unidos o Brasil las subvencionan hasta 50%. Así, el peligro se dispersa más. También, se reduce el costo por la participación estatal.

Por su parte, los animales son una asignación pendiente. Los números oficiales muestran que robo de ganado representa menos del 1% del total del sector.

Esa postura responde a una percepción menor del riesgo. Es sabido que, todos los años, se registrará una mortalidad determinada (4% del rodeo, según SENASA) Pero los seguros no cubren la mortandad esperada sino la extraordinaria, comenta el ejecutivo de SanCor.

Cabe recordar que la sequía puede afectar el rendimiento del ganado. Por falta de agua y pastizales, las propiedades grasas de la leche disminuyen. Por eso, la producción de los tambos es de menor calidad. Como es de esperar, su rentabilidad cae también, enfatiza Pagliano.

Rumores

Laurlund, de Allianz, subraya que el mayor peligro con el ganado es el robo. Casi no hay consultas por estas pólizas. Por ahí, se las utiliza para caballos deportivos o algunos reproductores, aclara.

Ante este panorama, las compañías del sector se manifiestan a favor de la iniciativa. Incluso, están interesadas en realizar aportes en encuentros con el Ministerio de Agricultura.

En general, sólo reclaman la participación estatal. En las naciones, donde funciona muy bien este sistema, el Estado realiza alguna contribución, reconoce Jorge Bloise, desde Mapfre.

No obstante, esta industria considera que sería necesario el subsidio gubernamental. Haría también atractiva la póliza modificaciones tributarias y la complementación con un Fondo de Catástrofes. Estas herramientas facilitarían soportar los efectos que no pueden ser atendidos por la cobertura individual.

Por el momento, poco y nada se sabe sobre el proyecto oficial. Se rumorea que su contratación sería inducida. Al parecer, los agricultores que no cuenten con el seguro no podrán vender su producción. De ser así, la medida generaría rechazo y no adhesión.

Se dice además que su comercialización sería voluntaria. Posiblemente, algunas regiones del país y pequeños productores queden desatendidos.

Existe, en la industria, una cuestión de peso: el volumen de primas. Los grandes productores por medio de sus brokers consiguen mejores condiciones y precios. En cierta manera, el pequeño agricultor está en desventaja. Con lo cual se debería lograr igualdad en la póliza, destaca el directivo de Provincia seguros.

De acuerdo a los operadores, los seguros agrarios no son caros actualmente. Más bien, se estarían cobrando por debajo de su valor técnico. Por esa casa, no es un producto rentable.

En la actualidad, el costo del seguro ronda entre 3 y 5% de la inversión asegurada. Esperamos que el programa oficial mantenga el valor en esos rangos, finaliza Thomas, de La Dulce.