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En un contexto global marcado por tensiones estratégicas, discursos agresivos y cambios en las alianzas tradicionales, algunos planteamientos antes impensables están ganando atención en los pasillos del poder en el mundo occidental.

En especial, llama la atención el caso de Canadá, un socio histórico y aliado incondicional de Estados Unidos, que por primera vez en más de un siglo ha modelado teóricamente una respuesta ante una hipotética invasión militar de su vecino del sur, liderado por el presidente Donald Trump.

Este hecho en sí abre preguntas inquietantes sobre el rumbo de la seguridad en Occidente y el significado real de una eventual ruptura entre dos países que comparten la frontera terrestre más larga del planeta.

La relación entre Canadá y los Estados Unidos atraviesa una etapa de revisión estratégica en un escenario internacional más inestable.Fuente: ShutterstockShutterstock

Canadá diseña un modelo de defensa ante un escenario improbable

El ejército canadiense ha desarrollado un esquema conceptual de respuesta ante una potencial invasión de Estados Unidos. Según informan medios internacionales citando fuentes oficiales canadienses, el modelo no es un plan operativo concreto, sino un marco teórico para entender cómo podría reaccionar el país ante una agresión militar de su aliado histórico.

Este enfoque surge en un contexto de creciente incertidumbre y de cambios en la política exterior estadounidense bajo el mandato de Trump. Aunque los funcionarios insisten en que es “poco probable” que Washington ordene una invasión de Canadá, el simple hecho de contemplar este escenario ha generado debates significativos en Ottawa.

Los planes evaluados por los militares canadienses consideran diversas respuestas posibles, incluyendo métodos de defensa no convencionales. Esto se debe a que, según expertos citados en los informes, las fuerzas armadas de Canadá no tienen capacidad convencional para resistir una ofensiva estadounidense tradicional debido a las diferencias notables en tamaño y tecnología militar.

Tácticas y evaluaciones en un plan que nunca fue operativo

El modelo conceptual, basado en fuentes del diario canadiense The Globe and Mail, plantea que Canadá podría recurrir a tácticas de guerra no convencional si alguna vez se enfrentara a fuerzas estadounidenses mucho más poderosas. En ese escenario hipotético, se menciona la posibilidad de usar emboscadas, sabotajes, drones y acciones de resistencia inspiradas en conflictos asimétricos del pasado.

Los oficiales canadienses comparan estas tácticas con las empleadas por movimientos insurgentes históricos, como los grupos afganos que combatieron contra invasiones en las últimas décadas del siglo XX. En el análisis también se sugiere que Canadá podría necesitar ayuda externa de países europeos como Francia o Reino Unido si un conflicto así se hiciera realidad.

A pesar de la preocupación, las fuentes consultadas resaltan que este ejercicio no es un plan militar ejecutable, sino un estudio conceptual diseñado para evaluar vulnerabilidades y fortalecer la preparación estratégica del país ante todo tipo de escenarios.

Tensiones globales y discursos que encendieron las alarmas

¿Por qué Canadá, un país que ha sido aliado fiel de Estados Unidos, contempla siquiera esta posibilidad teórica? Parte de la respuesta está en las tensiones geopolíticas y en las posturas expresadas por el propio Donald Trump desde que regresó a la Casa Blanca.

Por ejemplo, Trump ha protagonizado declaraciones controvertidas sobre la anexión de territorios como Groenlandia, argumentando que debe ser parte de Estados Unidos por motivos de seguridad estratégica, lo que ha generado rechazo entre líderes europeos y daneses preocupados por la soberanía de la isla.

Además, en un contexto de rivalidades intensificadas con potencias como Rusia y China, Trump ha sugerido en varios discursos que no permitirá que estas potencias tomen control de regiones clave, lo que muchos analistas interpretan como un lenguaje que podría abrir puertas a confrontaciones más amplias.

Canadá, por su parte, ve cómo estructuras multilaterales como la OTAN y acuerdos de defensa compartida, tradicionalmente pilares de la seguridad occidental, se encuentran bajo presión en un contexto donde Estados Unidos redefine sus prioridades estratégicas.

Por otro lado, encuestas recientes muestran que una mayoría abrumadora de canadienses rechaza cualquier idea de convertirse en el estado número 51 de Estados Unidos, reforzando un fuerte sentimiento de soberanía nacional y rechazo a propuestas expansionistas, aunque estas no se traduzcan en políticas gubernamentales reales.

El cambio de política exterior de los Estados Unidos tensiona la relación entre ambos países limítrofes.Spencer Colby

Este clima de desconfianza y reevaluación de alianzas se enmarca en un panorama global más amplio en el que actores tradicionales buscan nuevas formas de cooperación y defensa colectiva, mientras las prioridades estratégicas de las grandes potencias cambian de forma acelerada.

La decisión de Canadá de contemplar, aunque sea de manera teórica, una posible invasión de Estados Unidos puede entenderse como parte de una estrategia de evaluación de riesgos y fortalecimiento de capacidades, más que como una señal de que un conflicto armado entre estos aliados esté a punto de estallar.