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En distintos países del mundo, el emprendimiento se ha convertido en una opción cada vez más apreciada entre las salidas profesionales posibles. Son los jóvenes sobre todo quienes impulsan esta idea que prioriza la independencia laboral y la creación de proyectos propios.

En España, estas ideas se ven reflejadas en los autónomos, aunque en otros países la emigración para encontrar mejores opciones laborales también puede ser considerada como un tipo de emprendimiento. En cualquier caso, todas las personas decididas a emprender comparten algo en común: las ganas y el esfuerzo por sacar un proyecto adelante.

Este es el caso de Miriam, una joven inmigrante de Argentina que trabaja como chofer internacional de un camión, llevando mercancías por toda Europa.

Su testimonio pone cara a una profesión tan necesaria como exigente, que puede tenerla fuera de casa más de tres semanas seguidas. “Paso hasta 24 días fuera de casa y, cuando regreso, solo tengo 3 días para mis seres queridos”, resume.

La historia de Miriam, la camionera apasionada por los motores.

Cómo es la exigente rutina de una camionera internacional

Miriam se ha dado a conocer en redes contando su día a día a bordo del camión, un Volvo de gran porte de una de las flotas más grandes de España. Su profesión puede mantenerla entre 22 y 24 días recorriendo distintos países europeos, con apenas 3 o 4 días de descanso en temporada baja como recompensa.

Según ella, la clave para balancear sus responsabilidades laborales con su vida privada es la organización y planificación. “Si bien es poco el tiempo que tengo para descansar cuando regreso de los viajes, trato de buscar la forma de optimizar lo más que pueda ese tiempo”, cuenta. Antes de volver a casa, se las ingenia para dejar resueltas el mayor número de tareas posible.

Su previsión llega hasta la comida. Antes de partir, deja preparadas hasta 40 raciones que guarda congeladas en una pequeña nevera de unos 55 litros que lleva en la cabina.

“Para mí es extremadamente incómodo hacerme el almuerzo o la cena mientras el camión va andando, y peor aún usar mi tiempo de descanso para cocinar”, explica. En sus vídeos muestra también la cara menos visible del oficio: la limpieza de la cabina, el tráfico y el desafío para conseguir una ducha con agua caliente durante sus viajes.

De Argentina a las rutas de Europa

El camino de Miriam hasta el volante no fue inmediato. Tras tramitar su residencia legal en Portugal, obtuvo la licencia profesional, y su bautismo en ruta fue un viaje a Alemania.

“Me subí y dije: que sea lo que Dios quiera”, recuerda sobre aquel debut, que afrontó con el lógico temor de los inicios, aunque respaldada por la modalidad de trabajo en dupla junto a un colega y amigo.

Acostumbrada a las rutas de su país natal, Miriam valora especialmente la infraestructura europea: autopistas en buen estado, señalización clara y niveles de seguridad que le permiten hacer sus pausas reglamentarias con tranquilidad.

Sin embargo, reconoce que su presencia en los puntos de descarga todavía genera sorpresa y alguna mirada de recelo en un ambiente históricamente masculino.

Una profesión que necesita un nuevo rejuvenecimiento

El caso de Miriam es una rareza en el sector. Según denuncian los representantes del transporte, la mayoría de la plantilla está formada por mayores de 55 años, frente a un escaso 3% de profesionales menores de 25, y casi en su totalidad hombres. Por eso su ejemplo cobra un valor añadido en una actividad que necesita nueva mano de obra para seguir adelante.

En sus redes, Miriam también da consejos a quienes se plantean dedicarse al transporte. Entre los más importantes destaca aprender inglés, que funciona como lengua franca en los distintos países por los que viaja, desde Polonia hasta Italia.