En el norte de México, la reintroducción de casi medio centenar de bisontes en una parte del desierto de Chihuahua está teniendo un impacto positivo en el ecosistema, según la organización que impulsa la iniciativa. Apenas unos meses después de su llegada, los primeros signos de recuperación ya son visibles.
Los animales fueron trasladados a Cuatrociénegas, una reserva natural del estado de Coahuila reconocida por la UNESCO. Famoso por sus dunas de yeso y sus pozas de un azul intenso, este hábitat de 400.000 hectáreas alberga cientos de especies de flora y fauna, muchas de ellas en situación crítica o en peligro de extinción.
Por qué devolvieron los bisontes a Cuatrociénegas
Tras haber sido exterminados de la zona por la actividad humana en el siglo XIX, los bisontes regresaron en agosto de 2025, cuando tres ejemplares fueron introducidos en la Reserva El Santuario, en una colaboración entre la Fundación Pro Cuatrociénegas y el Museo del Desierto de Coahuila. En noviembre se sumaron otros 44 animales, hasta alcanzar los 47.
Para los responsables del proyecto, el regreso de esta especie es un momento histórico. “Simplemente recuperar una especie fundamental que estaba allí antes y debería estar allí te da muchísima esperanza”, afirmó Gerardo Ruiz Smith, director de la Fundación, en declaraciones al medio mexicano Vanguardia.
Según explicó, el bisonte es “un auténtico ingeniero del ecosistema”, capaz de regenerar los suelos, mejorar la infiltración del agua y reforzar la biodiversidad del desierto.
Cómo un solo animal está regenerando el desierto
El impacto de los bisontes se produce de varias formas, casi todas involuntarias. Al alimentarse de la vegetación seca, ayudan a prevenir incendios, porque reducen el combustible vegetal que podría propagar el fuego. Con un peso de hasta 770 kilos, su simple desplazamiento también transforma el terreno.
Al remover el suelo con sus pezuñas mientras corren, los animales labran la tierra de manera natural y crean aberturas que permiten la entrada del agua, lo que favorece el crecimiento de la vegetación. Actúan además como dispersores de semillas, que quedan atrapadas en su pelaje y se desprenden a medida que se desplazan.
Otro efecto llega a través del estiércol, que mejora la fertilidad del suelo al atraer a los escarabajos peloteros. Estos insectos entierran los excrementos, con lo que aportan nutrientes a la tierra y airean las capas subterráneas al excavar, en una cadena natural que parte del propio bisonte.
El regreso de pumas, linces y otras especies
Los resultados no se han hecho esperar. A medida que los bisontes favorecen un paisaje más saludable, las cámaras ocultas instaladas en la reserva han captado el regreso de animales que habían desaparecido del área, como pumas, linces y pecaríes de collar.
Se ha observado, incluso, a especies de aves locales utilizando el pelaje de los bisontes para construir sus nidos. “Los bisontes son arquitectos del paisaje”, resumió Ruiz Smith en declaraciones a CNN. “Se ponen manos a la obra para moldear y regenerar su entorno”.
El caso de Cuatrociénegas demuestra el potencial de las llamadas especies clave: animales cuya presencia reactiva por sí sola la dinámica de todo un ecosistema. Meses después de su regreso, el desierto que los vio desaparecer hace más de un siglo empieza a recuperar el equilibrio que había perdido.