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Marco Bermúdez tiene 14 años, todavía cursa el colegio y ya pasó por varias de las decisiones que enfrenta cualquier emprendedor. Lanzó proyectos que no funcionaron, encontró un modelo de negocio rentable, cambió su estrategia para escalar las ventas y dejó un emprendimiento que generaba ingresos para apostar por una nueva empresa. Todo esto, que quede claro, con 14 años.
Hoy desarrolla SmartBridge, una startup que busca reducir el tiempo de diseño de puentes mediante inteligencia artificial. Sin embargo, Marco asegura que el aprendizaje más importante no vino del éxito, sino de “los errores y de empezar a emprender desde muy chico”.
“Mi primer proyecto era hacer robots humanoides con inteligencia artificial. Después intenté crear una especie de Google Maps para supermercados. Ninguno funcionó”
Lejos de atribuir sus avances únicamente a la edad o al talento, el entrevistado sostiene que la clave estuvo en empezar temprano y acumular experiencia. “Si empiezas con 14 años, cuando tengas 24 ya tendrás diez años de experiencia, diez años de contactos y diez años de aprendizajes”, afirma, seguro de sí mismo.
De proyectos ambiciosos a una idea simple
Su primer contacto con el emprendimiento llegó a los ocho años, cuando sus padres lo inscribieron en Genyus School, una escuela para jóvenes emprendedores. Allí comenzó a desarrollar sus primeras ideas, aunque ninguna llegó a prosperar.
“Mi primer proyecto era hacer robots humanoides con inteligencia artificial. Después intenté crear una especie de Google Maps para supermercados. Ninguno funcionó”, recuerda.
Los primeros intentos le dejaron una enseñanza que todavía aplica cuando analiza una oportunidad de negocio.
“Me dije: ‘Vamos a hacer algo que no sea una idea tan grande; algo simple que puedas empezar a hacer ya y que puedas empezar a facturar ya’.” Con esa idea compró su primera impresora 3D, financiada inicialmente por sus padres, y empezó a fabricar llaveros personalizados para familiares, amigos y personas de su entorno. Las primeras ventas le permitieron devolver la inversión y comprar un equipo de mayor capacidad.
El cambio que multiplicó el modelo de negocio
El siguiente aprendizaje no estuvo relacionado con el producto, sino con el modelo de negocio. En lugar de vender un llavero por vez, Marco decidió orientar su actividad hacia empresas que necesitaban pedidos de mayor volumen.
“Decidí cambiar el modelo y hacer algo mucho más escalable.”
Ese giro le permitió pasar de vender unidades individuales a producir cientos de llaveros por pedido. Como consecuencia, el valor de cada venta aumentó considerablemente.
“Llegué a facturar más de 10.000 euros con ese proyecto”
Sin embargo, asegura que el mayor aprendizaje fue entender cómo hacer crecer un negocio sin depender únicamente de trabajar más horas. “Me pregunté: ‘¿Cómo puedo hacer esto para que, ganando lo mismo, me lleve muchísimo menos tiempo?’. Ahí empecé a buscar otras fórmulas y pasé de un modelo B2C, de vender al consumidor, a un B2B, de vender a empresas.”
Para Marco, vender al segmento corporativo supone un proceso comercial más exigente, pero también ofrece mayores posibilidades de crecimiento.
Una pregunta que terminó en una empresa de software
La idea de SmartBridge nació de una conversación con su tío, ingeniero civil. “Le pregunté cómo se diseñaba un puente. Empezamos a hablar y nos dimos cuenta de que había muchas fallas en el proceso.”
A partir de esa inquietud comenzó a desarrollar un software pensado para ingenierías civiles. La plataforma utiliza inteligencia artificial y big data para asistir en la etapa inicial del diseño de puentes.
Según las estimaciones de la startup, la herramienta puede ahorrar hasta 15 horas por proyecto, aunque el producto todavía se encuentra en fase de desarrollo.
Marco explica que el cliente de SmartBridge no son quienes necesitan construir un puente, sino las ingenierías que realizan esos proyectos. El modelo de negocio también cambió respecto de sus experiencias anteriores: la empresa opera bajo un esquema B2B mediante suscripción o pago por uso.
Emprender para aprender: “No hay que hacerlo por dinero”
A pesar de haber logrado ingresos con algunos de sus proyectos, Marco considera que un emprendedor joven no debería obsesionarse con la facturación.
“Con nuestra edad no hay que hacerlo por dinero. Ahora no busquen facturar; busquen adquirir contactos, experiencias y aprendizaje. Eso se puede hacer desde muy pequeño.”
En su opinión, esa experiencia acumulada termina convirtiéndose en una ventaja competitiva cuando llega el momento de emprender a mayor escala. Por eso, el consejo que repite a otros jóvenes es sencillo. “Que se atrevan. Si fracasas, siempre te llevas una experiencia, un aprendizaje o un contacto. Si no lo intentas, lo único que te queda es el arrepentimiento.”
Mientras continúa desarrollando SmartBridge y mantiene una comunidad de jóvenes emprendedores, Marco asegura que su objetivo a largo plazo no cambió: seguir creando empresas y aprender en cada etapa del camino.