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Begoña tiene 63 años y vive en una casa compartida con otras trece personas. Su situación refleja las dificultades que encuentran muchas personas mayores para acceder a una vivienda cuando los ingresos no permiten afrontar el precio de un alquiler convencional.

“En la casa ahora mismo somos 14 personas, 11 habitaciones y hay tres parejas”, explicó en el programa Espejo Público. Para ella, la vivienda compartida se ha convertido en una solución obligada: “No me queda otro remedio. Tengo una pensión de 680 euros y no me puedo ir a ningún sitio”.

Los motivos detrás de la situación de Begoña.

Una pensión que solo alcanza para una habitación

Begoña paga actualmente 600 euros por una habitación. Después del alquiler, del préstamo que pidió para afrontar la mudanza y otros gastos, apenas le queda margen económico, ya que también debe asumir el coste de algunos medicamentos que no cubre la Seguridad Social.

Dentro de la casa, reconoce que su situación es incluso relativamente favorable frente a la de otros compañeros. “Mi habitación es la más grande y puedo presumir de que es la mejor”, afirma.

Tiene unos 12 metros cuadrados y comparte baño solo con otra persona. La convivencia entre tantas personas, eso sí, impone sus límites: “Si todos comemos a la misma hora, es imposible cocinar”.

La vivienda ha sido adaptada para aumentar el número de habitaciones, con divisiones que transformaron los espacios originales de la casa.

“Los mayores de 60 somos muchos los que vivimos así”

El testimonio de Begoña pone el foco en una realidad que, según ella, no afecta solo a los jóvenes. “Te puedo asegurar que los mayores de 60 somos muchos los que vivimos así”, señala. Su caso llegó después de un divorcio que la obligó a reorganizar por completo su economía y su vivienda.

No cuestiona directamente el precio que paga, sino la falta de estabilidad. “Soy consciente del precio que tiene el mercado y de eso no me quejo. Me quejo de la inestabilidad”, resume, ante la posibilidad de tener que dejar la casa o afrontar una subida cada vez que termina un contrato.

El auge del alquiler por habitaciones

Begoña también apunta al creciente peso del alquiler por habitaciones como síntoma del problema. “La persona de la agencia inmobiliaria que lleva mi habitación me dijo que tenía 135 habitaciones de las que ocuparse”, cuenta, una cifra que da idea de la dimensión de este mercado.

Su conclusión resume la magnitud de la situación: “Para que alguien diga que soy una privilegiada por pagar 600 euros por una habitación, es que estamos realmente mal”. Un testimonio que ilustra cómo el precio de la vivienda se ha convertido en un problema que alcanza también a quienes ya están jubilados.