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A finales de la década de 1930, el temor a que la Alemania nazi lograra dominar la energía nuclear movilizó a algunos de los científicos más influyentes del mundo.

La reciente comprobación experimental de la fisión nuclear en 1938, documentada por Otto Hahn y Fritz Strassmann, y explicada teóricamente poco después por Lise Meitner junto a Otto Frisch tras su exilio, demostró que el átomo podía liberar una cantidad de energía hasta entonces inimaginable.

Ese descubrimiento, publicado en revistas científicas como Naturwissenschaften y Nature, transformó un avance teórico en una posible herramienta militar.

En ese contexto, el físico Albert Einstein tomó una decisión que marcaría la historia.

En 1939, firmó una carta dirigida al presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt, cuyo borrador principal había sido elaborado por Leó Szilárd junto a otros científicos, en la que advertía sobre la posibilidad de que el régimen alemán desarrollara armas nucleares.

El documento, conservado en archivos oficiales como los de la National Archives, dio origen a un primer comité sobre uranio y sentó las bases del posterior Proyecto Manhattan.

¿Qué fue el Proyecto Manhattan?

El Proyecto Manhattan se consolidó recién en 1942, tras un período inicial de avances lentos y debate político, en el marco de la Segunda Guerra Mundial. A partir de entonces, se convirtió en el esfuerzo científico-militar más ambicioso de su tiempo.

Más de 130.000 personas participaron en instalaciones distribuidas en Estados Unidos, bajo estrictas condiciones de secreto. Documentos desclasificados muestran cómo los científicos lograron controlar la reacción en cadena necesaria para producir una explosión nuclear.

El resultado de ese desarrollo se evidenció en agosto de 1945, durante la Segunda Guerra Mundial, cuando Estados Unidos lanzó bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki.

Informes médicos y estudios posteriores, publicados por organismos como la Organización Mundial de la Salud, confirmaron los efectos devastadores de la radiación en la población civil, tanto a corto como a largo plazo.

¿Cuál fue realmente el papel de Einstein en la creación de la bomba?

El rol de Albert Einstein en el desarrollo de la bomba atómica resultó indirecto pero decisivo en su origen político. No participó en el diseño ni en la construcción del arma, ni formó parte del equipo científico del Proyecto Manhattan. Su intervención se limitó a advertir sobre un riesgo potencial, apoyado en evidencia científica disponible en ese momento.

Credit: Photo by Alfred Eisenstaedt/The LIFE Picture Collection/Shutterstock (12084712a) German-born physicist Dr. Albert Einstein (1879 - 1955) (left) writes on a piece of paper as he talk with Dr. Robert Oppenheimer (1904 - 1967) at Princeton's Institute of Advanced Study where both men taught, Princeton, New Jersey, December 1947. Einstein & Oppenheimer Talk Shop, Princeton, New Jersey, USAFuente: ShutterstockAlfred Eisenstaedt/The LIFE Picture Collection/Shutterstock

La carta enviada a Roosevelt se basó en el conocimiento acumulado sobre la fisión nuclear y en la posibilidad de que Alemania contara con los recursos técnicos para avanzar en esa dirección.

Sin embargo, investigaciones históricas posteriores demostraron que el programa nuclear alemán no logró desarrollar una bomba funcional. Este dato, ausente en aquel entonces, condicionó la decisión inicial.

El propio Einstein mantuvo una postura crítica tras el uso de las bombas. Registros conservados en la Einstein Archives Online revelan su preocupación por las implicancias éticas del desarrollo nuclear y su llamado a promover el control internacional de estas armas.

¿Qué significa su frase y por qué sigue vigente hoy?

La frase “Si hubiera sabido que los alemanes no lograrían desarrollar una bomba atómica, no habría hecho nada” sintetiza una revisión personal atravesada por el contexto histórico.

Fuente: Associated Press en Wikimedia Commons
Fuente: Associated Press en Wikimedia Commons

Einstein reconoció que su decisión estuvo motivada por el temor y la incertidumbre, más que por una certeza científica absoluta. La amenaza del régimen nazi condicionó la percepción del riesgo y aceleró una respuesta que luego tendría consecuencias globales.

Desde una perspectiva contemporánea, la declaración plantea un dilema central en la relación entre ciencia y poder. El conocimiento, incluso cuando se desarrolla en ámbitos académicos, puede adquirir un uso estratégico en contextos de conflicto.