Desde aquel fatídico 22 de febrero de 2012 pasaron 366 días en los que el ex ferrocarril Sarmiento continuó transitando de Once a Moreno y viceversa. En ese lapso el Gobierno transformó en ministerio el área de Transporte, reemplazó a un secretario del sector y le quitó la concesión a TBA. ¿Hubo cambios en el servicio? Los pasajeros, consultados por El Cronista, dan su veredicto.

Funciona peor que antes. Hay menos trenes y las demoras son eternas, cuenta Carlos, empleado bancario de 38 años que viaja desde hace más de una década. Lo hará hoy también, como lo hizo ese miércoles de la tragedia. Me enteré en Caballito, una estación antes de Once, porque bajé para tomar el subte en Primera Junta. Me llamó por teléfono mi mamá y me contó lo que había pasado. Yo iba en el tren siguiente, explica.

Inmortalizada por la canción El Viejo Matías, de Víctor Heredia, Paso del Rey es la estación previa a Moreno, la cabecera. Carlos parte de allí y describe cómo es la odisea de tomar el tren, que sale repleto ya de Moreno. Llego 7.30, pero hasta que lo tomo pasa media hora más, porque no hay lugar en el vagón. Recién 9.30 estoy en Once, el viaje dura una hora y media cuando, según las grillas debería tardar 55 minutos.

Román, de 28, hace la mitad del recorrido, desde Morón, una de las paradas en las que mayor cantidad de gente sube. También viaja por la mañana, y regresa promediando las 18. Nunca paga boleto. Yo lo pagaría sin problemas, pero desde que TBA dejó de ser concesionario no hay guardas que controlen, ni los arribos ni las llegadas a Once, y tampoco en el resto de las estaciones, dice.

Una explicación de que el servicio de hora pico sea gratuito, se encuentra en las reformas anunciadas el año pasado por el ministro Florencio Randazzo, que obligaron a reducir la cantidad de servicios. Por esa carencia se habilitaron colectivos gratuitos, que también salen atiborrados de gente. No dan abasto. Por eso ni se preocupan en cobrarte, cierra Román.

El último testimonio es el de Osvaldo, de 56 años y oriundo de Merlo. Hubo reformas mentirosas. Pintaron vagones, le sacaron el logo de TBA y pusieron leds en estaciones y vagones, aunque casi nunca tienen señal y, cuando la consiguen, pasan extractos de Paka-Paka o 678, cuenta. También narra que el único de los cinco andenes con el parachoque funcionando bien es el número 2. El 1, partido cuando se desató la tragedia, aún no fue habilitado.