En los primeros nueve meses del año, el capítulo que incluye petróleo, gas y otros combustibles minerales, acumuló un superávit de u$s 8000 millones, frente a u$s 4503 millones en igual período de 2025, lo que marcó un salto de 77,6% interanual.
En septiembre, las exportaciones de combustibles y energía llegaron a u$s 1781 millones, 89,1% más que un año atrás. Las cantidades aumentaron 39,8% pero los precios también fueron protagonistas con un alza 33,4%, con el petróleo crudo, los carburantes, el gas y la electricidad como principales impulsores.
Si bien las expectativas continúan al alza por el impacto del precio del petróleo en las exportaciones locales, cada vez se instala con más fuerza un planteo central: ¿cuándo se va a sentir el boom energético en el resto de la economía?
El aporte de la energía a la balanza comercial, que superó los u$s 21.000 millones, fue decisivo. Según ABECEB, el sector sumó unos u$s 840 millones adicionales - crudo explicó u$s 522 millones- en exportaciones durante septiembre, equivalentes al 44% del aumento total de las ventas externas y alrededor del 41% de la mejora del saldo comercial.
Aunque el gobierno celebró, el dato positivo que difundió el Indec al inicio de semana se vio empañado por el nuevo salto en el Riesgo País, que se ubicó encima de los 670 puntos básicos.
El petróleo vuelve a jugar a favor
De cara al último tramo del año, el contexto internacional vuelve a ser determinante para la evolución del superávit energético. El Brent volvió a superar los u$s 110 por barril, en un escenario marcado por las tensiones en Medio Oriente y el riesgo de interrupciones en el suministro.
Para una Argentina que incrementó fuertemente sus exportaciones, una cotización internacional más alta puede traducirse en más dólares y un mayor superávit energético, aunque no constituye por sí sola una garantía: el resultado depende también de los volúmenes producidos, los costos y las necesidades de importación de energía.
Las proyecciones hacia adelante muestran, de todos modos, que el salto energético podría ser mucho mayor. La estimación oficial ubica el superávit de la balanza comercial energética en torno a u$s 9000 millones para 2026, con una proyección de u$s 13.000 millones en 2027 y u$s 17.000 millones en 2028.
El gran salto llegaría desde 2029, cuando la incorporación del GNL llevaría el saldo a unos u$s 38.000 millones, para alcanzar u$s 61.000 millones en 2030 y u$s 115.000 millones desde 2032.
Los privados son más optimistas incluso para este año. Tomás Cuenin, analista sectorial de ABECEB, estima que el superávit energético podría cerrar 2026 en torno a u$s 12.400 millones, bajo un escenario de petróleo a u$s 85 por barril. Si el Brent se mantiene en torno a u$s 105 durante el último trimestre, el saldo podría acercarse a u$s 13.000 millones, unos u$s 600 millones adicionales por el mayor valor de las exportaciones petroleras.
El efecto precio ya fue importante en septiembre: las exportaciones argentinas crecieron 23,5%, pero los precios aumentaron 16,4%, frente a una suba de 6,1% en las cantidades. En combustibles y energía, el aumento de precios llegó al 33,4%.
El “plus” que agrega Vaca Muerta
El petróleo crudo se convirtió en el principal producto de exportación argentino. En septiembre generó u$s 1127 millones, 86,4% más interanual, y acumuló u$s 7753 millones en los primeros nueve meses, 58,6% por encima del mismo período de 2025.
Detrás de esos números está el salto de la producción. Según ABECEB, la extracción nacional de crudo alcanzó en agosto un récord de 936.800 barriles diarios, 14% más que un año antes. Neuquén aportó cerca del 72% del total.
El fenómeno también puede medirse en cantidades. Un informe del Centro de Estrategias Internacionales de Gobiernos y Organizaciones (CIG) de la Universidad Austral encontró que el volumen físico de las exportaciones energéticas alcanzó en enero-agosto el máximo de toda la serie y, por primera vez, superó el nivel base de 2004. El índice llegó a 103, un aumento de 27,5% interanual.
Es decir, el cambio energético no responde solamente a un precio internacional favorable. Hay también un aumento significativo de la producción y de los volúmenes exportados.
Los desafíos: más dólares, más capacidades y menos dependencia
La energía ya representa 16,1% de las exportaciones argentinas, aunque la agroindustria mantiene el liderazgo con 57,5%. La pregunta deja de ser solamente cuánto puede crecer Vaca Muerta y pasa a ser qué capacidades productivas puede generar alrededor de ese crecimiento.
Un informe de la Universidad Austral plantea que la expansión exportadora es real, pero todavía incompleta: la transformación estructural requiere generar inversiones, proveedores, conocimiento, tecnología y capital humano que permanezcan en el territorio.
En Vaca Muerta, el estudio identifica oportunidades en bienes de capital, ingeniería, servicios digitales y logística, aunque advierte sobre el financiamiento para proveedores PyME y la débil articulación entre empresas e instituciones de investigación.
El desafío también es laboral: Vaca Muerta y la minería pueden aumentar rápidamente la generación de divisas sin recomponer en igual proporción los empleos perdidos en otros sectores. Por eso, el desarrollo de proveedores locales aparece como una vía para ampliar el impacto de la nueva matriz sobre el resto de la economía.
La experiencia internacional que analiza el informe muestra esa apuesta: Noruega convirtió el desarrollo petrolero en un ecosistema de proveedores y tecnología offshore, mientras Australia desarrolló alrededor de la minería una industria de equipamiento, tecnología y servicios.
Hoy, en Argentina, la fortaleza exportadora convive con una tensión financiera. El mismo día que se conoció el récord exportador de septiembre, el riesgo país llegó a 675 puntos básicos.
La coexistencia de ambos datos muestra que más dólares comerciales no se traducen automáticamente en menor riesgo: el mercado también observa financiamiento, reservas, tipo de cambio y perspectivas de crecimiento.
La frase icónica de Javier Milei anticipando que “van a salir dólares por las orejas” refleja hoy, que no alcanza con la generación de divisas sino además con cómo se gestiona los dólares una vez que ingresan.
En ese sentido, existe consenso entre distintos analistas en que, si financian inversión, proveedores, tecnología y empleo calificado, Vaca Muerta puede convertirse en algo más que un motor exportador.