Usando una expresión que se forjó hace algunas décadas atrás, el boom de los commodities le dio a la Argentina un viento de cola importante durante 2026. Una buena cosecha con buenos precios internacionales y una Vaca Muerta produciendo a pleno en un contexto de suba del petróleo hicieron que en las cuentas del país hubiera un registro de dólares pocas veces antes visto.
El Banco Mundial proyecta que los precios de las materias primas -después de tres años a la baja- habrán subido 23% este año, impulsados por la fuerte suba de la energía, los alimentos y los metales.
Pero el mismo informe que confirma lo que se vivió en Argentina contiene un dato que obliga a mirar un poco más allá del boom: el índice general de commodities bajaría 7% en 2027. Para un país que necesita dólares, reservas e inversiones, la pregunta no es solamente cuánto puede beneficiarse de este shock, sino cuánto tiempo durará.
El salto de 2026 tiene detrás una combinación excepcional de factores. La guerra en Medio Oriente redujo los inventarios de petróleo y elevó el riesgo sobre el suministro energético, mientras la guerra entre Rusia y Ucrania sigue afectando los embarques de granos y oleaginosas.
El Banco Mundial estima que esos fenómenos no recrudecerán, evitando nuevas alzas.
A eso se suma un fenómeno de El Niño que amenaza las cosechas de algunos productos agrícolas.
El resultado es un aumento proyectado de 32% para los precios de la energía y de 10% para los alimentos durante este año. Los metales y minerales, por su parte, alcanzarían precios récord.
“Los mayores costos de la energía y las disrupciones en el comercio están impulsando el alza de los precios de diversos productos básicos, lo que podría agravar la inflación y la inseguridad alimentaria, y frenar el crecimiento económico. La prioridad debe ser proteger a las personas más pobres y apoyar a los países de ingreso bajo que ya se ven agobiados por pesadas cargas de deuda”, afirmó Ayhan Kose, economista en jefe adjunto y director del Grupo de Perspectivas del Banco Mundial
¿Se termina el viento de cola?
Para la Argentina, la primera lectura del informe es favorable. El país tiene una exposición significativa a los commodities a través del agro, la energía y, cada vez más, la minería.
Un escenario de mejores precios internacionales puede aumentar el valor de las exportaciones y generar una mayor disponibilidad de divisas justo cuando el Gobierno intenta consolidar la acumulación de reservas. En ese sentido, la entidad no prevé que se acabe el ciclo de buenos precios, sino que aminorará.
El FMI ya había señalado que las mejores condiciones de intercambio, junto con el crecimiento de las exportaciones de energía, minería y agro, podían contribuir a mejorar las cuentas externas argentinas.
La evidencia más reciente muestra que ese proceso ya está ocurriendo. El Banco Central acumuló compras de divisas por cerca de u$s 16.000 millones durante 2026 y, según el acuerdo técnico alcanzado con el FMI, las reservas internacionales netas habían superado en unos u$s 4.000 millones la meta establecida para fines de junio.
La mejora del frente externo es uno de los pilares sobre los que el Gobierno intenta construir una etapa de mayor estabilidad financiera.
Cuánto podrían valer el petróleo y los alimentos en 2027
Según las estimaciones del BM, en el campo de la energía, los precios volverán abajo de 100. El Brent, que promediaría u$s 91 por barril en 2026 frente a u$s 69 en 2025, bajaría a unos u$s 79 en 2027.
Ese número está muy por arriba de lo mínimo que necesita Vaca Muerta para seguir produciendo.
El supuesto central es que no haya una nueva escalada del conflicto en Medio Oriente, que se recupere parte de la producción petrolera rusa y que se normalicen los embarques de alimentos desde el Mar Negro.
El escenario, sin embargo, no es uniforme.
Los alimentos son la excepción más importante: después de subir alrededor de 10% en 2026, el Banco Mundial proyecta otro aumento de 7% en 2027.
Es decir, el shock de commodities podría perder fuerza en términos generales, pero algunos de los productos más relevantes para la Argentina seguirían cotizando al alza.
Si suben la soja, el maíz o el trigo, aumenta el valor de los productos que Argentina exporta, también puede subir el precio de referencia de esos granos en el mercado interno. El traslado no es automático ni de la misma magnitud para todos los productos. Intervienen el tipo de cambio, los impuestos, los costos de transporte, los márgenes y la estructura de cada cadena. Pero el mecanismo existe y puede generar presión sobre los precios de los alimentos.
El propio mercado argentino ofrece un ejemplo reciente. La caída de los precios internacionales de los granos ya redujo el ritmo de ventas de los productores: en soja, las operaciones a precio bajaron desde más de 600.000 toneladas semanales a menos de 300.000, y en la semana cerrada el 14 de octubre fueron apenas 211.000 toneladas, frente a un promedio histórico superior a 350.000.
Si el movimiento internacional se invirtiera y los precios volvieran a subir, el incentivo para vender también cambiaría y podría trasladarse a las referencias domésticas.
Esto genera una tensión particular para la política económica. Argentina necesita aprovechar cualquier mejora de los términos de intercambio para acumular reservas, fortalecer su capacidad de pago y financiar inversiones. Pero al mismo tiempo busca consolidar un proceso de desinflación que todavía está lejos de haber terminado.
La ventana puede ser relativamente corta. Si los commodities suben, Argentina puede acumular reservas, mejorar sus cuentas externas y atraer inversiones. Pero si el shock se revierte en 2027, el país necesitará que los dólares hayan servido para construir una economía capaz de generar divisas aun cuando los precios internacionales dejen de acompañar.