Los indicadores de la semana que termina consolidan el ingreso de la actividad económica en un estancamiento. El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) no revirtió en agosto el golpazo de julio y el tercer trimestre se encamina a una recesión técnica. Las ventas en los supermercados tuvieron otro período de retracción y si bien los salarios le ganaron al costo de vida, no hay todavía motores claros para que vuelva a notarse un crecimiento robusto y extendido a los sectores que mueven más mano de obra.

Así, en plena turbulencia internacional, la perspectiva de que sin reactivación el Gobierno deja de tener asegurada la reelección, retroalimenta una salida de los activos argentinos, contracara del aumento del riesgo país, que a su vez frena decisiones de inversión. En ese punto, tanto en el establishment financiero como en la mesa política de la Casa Rosada la preocupación es parecida: ¿tiene el equipo económico el instrumental técnico para revertir las señales que ofrece este momento? ¿Hay un corset ideológico que le impide reaccionar?

¿Tiene el equipo económico el instrumental técnico para revertir las señales que ofrece este momento? ¿Hay un corset ideológico que le impide reaccionar?

El martes, The New York Times publicó un artículo sobre las violentas protestas en Europa que circuló en un grupo de WhatsApp de empresarios argentinos. Se titulaba “un círculo vicioso amenaza a Francia mientras el populismo se enfrenta a los mercados”. Allí, los periodistas Eshe Nelson y Jim Tankersley contaban el encierro en el que se encuentra la administración de Emmanuel Macron. Debería tomar medidas que expandan el gasto para calmar las demandas populares, pero hacerlo sólo potenciaría la huida de los inversores de los bonos franceses, que reclaman un ajuste fiscal. Todo ocurre en pleno debate del presupuesto para 2027.

“En el fondo del problema subyace una tensión considerable: en medio de una profunda incertidumbre política y fiscal, los votantes y los inversores parecen querer cosas diferentes”, apuntaron. Y añadieron: “Francia no es el único país que se enfrenta a una trampa de deuda. A medida que aumenta el endeudamiento en muchas naciones ricas, los partidos políticos populistas están ganando terreno. Los expertos advierten que esta combinación podría desembocar en una crisis económica”.

Policías franceses en la zona próxima a la plaza de la República de París tras los disturbios del sábado.EFE/EPA/Mohammed Badra

Quienes reenviaron el mensaje con el artículo ven alguna similitud entre las presiones que enfrenta el presidente Javier Milei entre “la calle y los mercados”, pero también una gran diferencia. Si el Gobierno tiene como principal pilar el superávit fiscal para garantizar el cumplimiento de las obligaciones con los acreedores, tomar medidas que expandan el gasto para motorizar la economía reflejaría un cambio de prioridades que bien podría ser castigado por los indicadores financieros.

Sin embargo, hay una gran diferencia, al decir de un importante referente de un fondo de inversión: “El mercado quiere más que Milei reaccione y mejore el humor social para asegurarse la reelección, antes que se abrace al dogma fiscal y el ancla cambiaria para forzar una baja de la inflación”.

Lo dijo incluso hace dos días el economista Miguel Ángel Broda, con quien trabajó Milei cuando empezaba como analista. “Si la inflación va a ser 30, que sea 35% pero con algo más de actividad”, dijo, al subrayar que no ve un plan de estabilización y que el modelo tiene “problemas de secuencia”, ya que aceleró la apertura comercial, pero con un dólar bajo, lo que agiganta el costo de la transición del modelo anterior al actual. “5 de cada 10 empresas que cierran es al cohete”, graficó en este sentido. “Los datos de la actividad vinieron mal y eso afectó los mercados”, sumó Fernando Marull a su turno.

“El mercado quiere más que Milei reaccione y mejore el humor social para asegurarse la reelección, antes que se abrace al dogma fiscal y el ancla cambiaria para forzar una baja de la inflación”.

“Pensá que el que debería atender los reclamos de los sectores perdedores es Pablo Lavigne, el secretario de Coordinación Productiva, y es tan talibán como Milei”, indicaron en una sociedad de bolsa que de repente mira más los índices de las fábricas y el empleo. En especial, repasaban los datos de caída de producción metalúrgica, que se difundieron en simultáneo con el récord de exportaciones de septiembre.

¿Podría el tándem de Luis Caputo y Santiago Bausili lograr un cambio de perspectiva del jefe de Estado para motorizar algún cambio de posición sobre la rigidez fiscal o el tipo de cambio? Por ahora, parece difícil según ha trascendido de los intercambios en la mesa política, la reunión semanal donde se canalizan estos malestares que suele expresar en público, a lo sumo, la senadora de La Libertad Avanza, Patricia Bullrich. De hecho, fue la única que cuando el presidente se enojó con la idea de que “la gente no llega a fin de mes” salió a decir que es cierto que “el bolsillo aprieta”.

“Acordate lo que pasó con la eliminación de las Lefis”, recordaban este mediodía cerca del equipo económico. “Caputo no estaba de acuerdo, pero Milei estaba convencido”, rememoraron. Cuando el presidente habla de relación “simbiótica” con su ministro, en parte es cierto, pero en parte también refleja que cuando hay matices se impone su dogma, indicaron. “Lo particular de esta crisis es que es con abundancia de dólares”, agregaron en simultáneo.

El secretario de Finanzas, Federico Furiase, ratificó ayer la línea dura que, en definitiva, preocupa a los mercados y a quienes tejen acuerdos políticos desde el Gobierno. Al hablar ante compañías de seguro, dijo que el plan de estabilización está siendo “exitoso” y que con estos números el año que viene Milei “gana caminando”. Además, subrayó que cuando el mercado se dé cuenta de ello, el riesgo país se va a derrumbar. “Hay una sociedad que estructuralmente cambió y hoy la estabilidad es un valor”, añadió.